Preguntas más frecuentes

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Bebés y primera infancia

¿Qué es mejor? ¿Llevar el niño a la guardería o dejarlo con los abuelos?

Hasta que los niños tengan edad de relacionarse entre ellos y disfrutar de esta relación, lo más positivo es que estén al cargo de un adulto que pueda conocerlos a fondo y responder en cada momento lo que el niño necesita. Esto ayudará el pequeño a empezar a ser consciente de sus necesidades, aprender a comunicarlas (primero por el gesto y después hablando), aprenderá a jugar a través del juego con el adulto, etc. Cuando el niño se pueda hacer entender, estará preparado para ir unas horas al día en un centro educativo y aprovechar la experiencia para continuar progresando. Si tiene que ir unas horas a la guardería por necesidades de la familia, los padres pueden compensarlo ofreciéndole tiempo de relación y juego que complemente el tiempo pasado en la guardería.

¿Cuando un niño no habla, cómo se lo puede forzar a hacerlo?

El habla surge, por un lado, de la imitación de los sonidos que el niño escucha del adulto que le habla. También del interés que el niño tiene para comunicarse con las personas que son importantes para él, centralmente sus padres. Por eso, poder tener ratos de juego, compartir actividades con el niño que él pueda entender y que le interesen, será un buen estímulo para su desarrollo y el de su habla. En cambio, exigir, regañar, chantajear al niño para que hable, le genera desazón y malestar y lo pone en peores condiciones para los aprendizajes.

¿Cómo puedo estimular a mi bebé para que se desarrolle mejor?

El eje central en cuanto al desarrollo de los niños es la relación con su entorno —en especial, sus padres— y el interés que estos les despiertan. Esto es lo que motiva su curiosidad, las ganas de avanzar en su motricidad, el deseo de entenderlos y después de hacerse entender por ellos. Para que todo esto sea posible, hace falta que los padres puedan disponer de tiempos para disfrutar de la relación con su hijo; esto permitirá que el niño los vaya conociendo y que los padres entiendan el pequeño y den respuestas comprensibles y coherentes a sus demandas, que reforzarán el deseo del niño de ir adelante. A veces, los padres, queriendo ofrecer lo mejor para su hijo, siguen programas de estimulación pesados, que les dan mucho trabajo y les restan la posibilidad de relacionarse espontáneamente con su hijo, de conocerlo a fondo y de saber qué necesita en cada momento. El mejor estímulo es la relación y el juego con el bebé.

¿Cómo se puede conseguir que los niños coman más?

La preocupación para que los niños vayan muy alimentados trae muchos padres a querer decidir ellos cuál es la cantidad que su hijo tiene que comer, a menudo aunque el niño esté muy alimentado e incluso si está rellenito y no tiene tanta hambre. A veces optan para entretenerlo, distraerlo, jugar, etc., para que coma sin darse cuenta. Esto hace que el niño no aprenda a reconocer su hambre ni que el comer le calma. En cambio, lo trae a confundir la hora de comer con los ratos de relación y juego con los padres, con lo cual alimentarse se convierte en una acción que se hace para obtener juego y que, por lo tanto, conviene alargar al máximo. Lo mejor es seguir el ritmo del pequeño, organizando la alimentación para que sea equilibrada y adecuada, pero que él gradúe la cantidad conveniente para su salud.

Nuestro hijo de 15 meses llora mucho al ir a la guardería y veo que sufre. A esta edad ¿hay que llevar el niño a la guardería? ¿Cómo podemos los padres participar activamente en esta etapa de la educación?

Durante toda la primera infancia, la necesidad básica del niño, lo que le permite aprender, es ser cuidado por un adulto que se interese por él, que le dedique todo el tiempo posible y que lo conozca bien y pueda responder a sus necesidades, a sus expresiones y a sus deseos de relación de la forma más adecuada. A través de la relación con este adulto —generalmente los padres o uno de ellos—, el niño podrá ir desarrollando diferentes formas de comunicación, se podrá ir interesando por cuanto le rodea y lo podrá ir conociendo y comprendiendo. Al año o poco después, si además va a espacios en los que hay otros niños con sus padres o cuidadores, se le podrá ir enseñando a relacionarse con ellos; a jugar, a tolerar esperar su turno, etc.
Ya ve, por tanto, que a la edad de su hijo, la mejor guardería para el niño, y para su educación en sentido amplio, pasa por una relación rica y satisfactoria con los padres. Por otro lado, la guardería puede ser un recurso en casos de necesidad de los padres, ya que en realidad es más una necesidad de éstos que del niño.
Cuando el niño ya habla y puede de algún modo hacerse a entender, es ya un buen momento para asistir algunas horas, pocas al principio si es posible, a una institución escolar.

Mi hija nació a las 35 semanas y tres días de gestación. Pesó 1600 g. Ahora tiene 15 días de vida: la evolución ha sido muy buena, va ganando peso y no tiene ningún problema más de salud. Ya hace cuatro días que la sacaron de la incubadora. Mi pregunta es la siguiente: en el hospital nos han dicho que, como que tuvo un peso tan bajo al nacer, hará falta que vaya al CDIAP para que reciba estimulación precoz. Estamos preocupados porque no sabemos exactamente en qué consiste y no nos han explicado nada más. Por lo tanto, os agradecería que me aclararais un poco en que consiste esta estimulación precoz, y que me dijerais también si el hecho de habernos derivado a vosotros o que la niña pesara tan poco al nacer (a pesar de que ahora está ganando mucho peso y come correctamente), implica necesariamente que tenga que haber algún tipo de problema en su desarrollo.

Los CDIAP (Centro de Desarrollo Infantil y Atención Precoz) son equipos donde se atienden los niños de 0 a 6 años  que presentan trastornos en su evolución de cualquier causa (motriz, del habla, del carácter, de relación, etc.) o que tienen riesgo de tener alguna dificultad.
Los niños prematuros, por la inmadurez con que nacen, tienen más riesgo que los otros de evolucionar con algunos problemas y por eso hay servicios de neonatología que los derivan por seguimiento al CDIAP, de forma que se pueda orientar a los padres respecto a la mejor manera de facilitarlos una evolución armónica y sana a todos niveles. Obviamente, pues, derivar a uno de estos centros no implica a la fuerza que tenga que haber dificultades.
En cuanto al trabajo que se hace, depende del que haga falta. Se tiene que evaluar toda la situación global para ver qué es lo más aconsejable. Algunas veces se resuelve con una entrevista con los padres para valorar la evolución del niño y poder sugerirles la mejor manera de ayudar el niño a crecer. Otras veces hay que pedir exploraciones médicas y/o hacer tratamientos específicos (para el niño) con el fisioterapeuta, el logopeda o el psicólogo. Así, pues, la consulta no implica que haya un problema ni indica un determinado tipo de intervención terapéutica.

Mi hijo tiene un año y tres meses y hace tres días que ha empezado a acudir a la guardería. Los tres días ha llorado y, por tanto, ha sufrido por tener que quedarse en la guardería. ¿Existe una educación alternativa en la que los padres podamos formar parte de esta nueva etapa? Gracias.

Durante toda la primera infancia, la necesidad básica del niño, lo que le permite aprender, es ser cuidado por un adulto que se interese por él, que le dedique todo el tiempo posible y que, por tanto, lo conozca bien y pueda responder a sus necesidades, sus expresiones y sus deseos de relación de la forma más adecuada. Mediante la relación con este adulto ‌—generalmente los padres o uno de ellos, el niño podrá ir desarrollando diferentes formas de comunicación, se podrá ir interesando por cuanto le rodea y lo podrá ir conociendo y comprendiendo. A partir del año o año y poco, si además va a espacios en los que hay otros niños con sus padres o cuidadores, también se le podrá ir enseñando a relacionarse con ellos; a jugar, a tolerar esperar su turno, etc.

Ya ve, por tanto, que a la edad de su hijo, hacia más o menos los tres años, la mejor guardería para el niño, y la educación en sentido amplio, pasa por una relación rica y satisfactoria con los padres. Por otro lado, la guardería puede ser un recurso en casos de necesidad de los padres, ya que en realidad es más una necesidad de éstos que una necesidad del niño.

Cuando el niño ya habla y puede de algún modo darse a entender, es un buen momento para asistir algunas horas, pocas al principio si es posible, a una institución escolar.

Gracias por su respuesta, se la agradezco profundamente, pero me gustaría saber además si ustedes conocen algún centro en Barcelona donde yo pudiera asistir con mi hijo para que juegue con otros niños y conmigo o con su padre. Mil gracias.

En nuestra respuesta en cuanto a ofrecer a su hijo la posibilidad de relacionarse con otros niños, pensábamos en la posibilidad de ir a algún parque o plaza, que siempre son espacio de encuentro con otras familias; también en la relación con otros niños de edad parecida a la del pequeño en el trato con familiares, o amigos con hijos pequeños.

De todos modos, contestando a su pregunta, existen, tanto en la oferta pública como en la privada, diferentes programas o centros que encajan bastante con lo que usted nos pide, y seguro que en la sede del distrito que le corresponda puede obtener la información necesaria. Por de pronto, nosotros le sugerimos que se dirija al  Espai Familiar de su distrito que, por el código postal que nos indicó, corresponde a  Ciutat Vella.
Allí ofrecen precisamente un espacio para los niños de 0 a 3 años y sus familias, para jugar, relacionarse y compartir experiencias.

Espai Familiar Erasme Janer
c/ Erasme Janer, 8
93-329-62-04

Mi hijo tiene 18 meses y es un niño feliz que juega, baila, canta, ríe y dice un montón de palabras. Yo le sigo dando el pecho, duerme casi toda la noche con nosotros y desde que nació hemos podido estar mucho con él tanto su padre como yo. Sin embargo aunque siempre ha estado muy pegado a mí, ahora lleva unas semanas que no puedo apartarme de él ni un segundo porque llora con angustia y quiere a mamá. Si yo no estoy y él está con su padre, su abuela o sus tías, todo va bien, se ríe, juega, no hay ningún problema, pero si aparezco entonces, sólo quiere que lo coja yo y, sobre todo, que no me vaya. Estoy un poco inquieta porque no sé qué hacer, siento que algo está pasando. ¿Me podríais ayudar a entender a mi hijo y a saber qué es lo mejor que puedo hacer, sobre todo para que él no tenga esa angustia de estar conmigo? Muchas gracias.

En la evolución, los niños diferencian a las personas próximas a ellos. A la edad de su hijo es habitual que prefieran tener trato con las figuras más próximas a ellos, aquellas con las que han establecido relaciones de afecto y cuidado, pues es con quienes se sienten más seguros y por tanto más tranquilos. Entre ellos, sin duda, destaca la figura de la madre que es quien, generalmente, ha asumido más los cuidados primarios del bebé o niño. A veces parecen incluso “pegarse” demasiado a la madre. En ausencia de esta persona —si no se prolonga demasiado—  pueden mantenerse tranquilos y contentos con quienes la substituyen, por ejemplo, el padre o los abuelos.
Progresivamente, los niños van disfrutando de relacionarse con los demás adultos cercanos, pero durante mucho tiempo siguen reclamando la presencia de la madre en los momentos de mayor inquietud: cuando se han hecho daño, si se despiertan por la noche, etc. Su hijo es aún pequeño y no es extraño que tenga esta relación intensa con usted. Al mismo tiempo, el hecho de que pueda estar tranquilo cuando usted no está es un buen indicativo. No parece que sea por ahora cuestión de preocuparse. Además, es mejor que de momento no haga nada precipitado por “desenmadrarlo”, por cortar este apego; es mejor que las cosas evolucionen por ellas mismas, ya que forzarlas y “cortar” la relación puede aumentar la ansiedad del niño y la necesidad de apegarse más.

Tengo un niño que en Octubre hará 3 años y le está costando mucho hablar bien. Me gustaría saber si es pronto para pensar que hay algún problema del habla o si ya tendría que consultar un logopeda. A mí me parece que tiene el habla de un niño más pequeño que él, puesto que sólo dice palabras sueltas y no hace frases ni dice artículos, a pesar de que se esfuerza mucho y habla mucho a su manera.

A los tres años, los niños suelen tener ya un lenguaje bastante completo, con un vocabulario rico y frases gramaticales. Por eso, es aconsejable que a su pequeño lo vea ya ahora un psicólogo o psiquiatra de niños que le haga una exploración completa. Se trata de valorar los diferentes factores que pueden intervenir en el problema que usted explica, y llegar a un diagnóstico y a una orientación terapéutica si es el caso. Este profesional podrá indicar si hace falta que intervenga un logopeda o que hay que hacer.
En problemas como el que usted explica vale más no dejar pasar el tiempo. Si se deja, no es sólo el lenguaje el que evoluciona con retraso, sino que todas las experiencias del niño se resienten puesto que se ven afectados en buena parte la comunicación y el intercambio con los otros.
En Cataluña hay una red pública de Centros de Desarrollo y Atención Precoz (CDIAP) donde podrán atender a su hijo y orientarla. Su pediatra o la escuela del niño le podrán decir cuál es el CDIAP que les corresponde según el lugar donde viven. Evidentemente, si lo prefiere, también puede dirigirse a una consulta privada.
Si desea algo más de nosotros, no dude a volvernos a escribir.

Cuando mi hijo de dos años y medio empezó con el control de esfínteres, todo fue muy bien: poco a poco lo iba pidiendo y llegó un momento en que casi nos olvidamos de estar pendientes de que se hiciera pis porque siempre lo pedía. Pero últimamente comienza a hacérselo encima y además lo dice: “Mama, pipí encima”. Tengo también una nena de 18 meses y está muy claro que el niño tiene celos de ella. La pregunta es cómo debo reaccionar ante tal cambio, porque en una mañana puede llegar incluso a hacerse varios pipís encima. Cuando empezó a ocurrir esto yo no le di importancia y sólo le decía que no pasaba nada, pero que la siguiente vez me dijera que tenía pipí para ponerle el orinal; en fin, espero vuestra ayuda.

Es posible que, como usted dice, los celos hacia su hermanita tengan que ver con la dificultad en el control de esfínteres de su hijo. Posiblemente expresa de esta manera su inquietud y el malestar ante las atenciones que la niña recibe, aunque eso no significa que no la quiera mucho. De momento no es capaz de hacerse cargo de controlar sus necesidades, aunque antes ya supiera hacerlo. Parecería que, aun sin proponérselo, les esté recordando que él todavía es muy pequeño también.
Suponemos que su hijo evoluciona satisfactoriamente en todas las demás áreas; en ese caso, lo más probable es que si siguen teniendo paciencia con él, valoran sus logros y toleran sus “insuficiencias”, poco a poco podrá reorganizarse y controlar de nuevo sus necesidades fisiológicas.
Es importante a su vez evitar la creación de situaciones negativas circulares, como el enfado de los padres o las conductas represivas, que podrían llevar a fijar más el síntoma, haciendo así más difícil y lenta su remisión.
No duden en volvernos a escribir si necesitan algo.

Tengo un niño de 2 años y 8 meses: su lenguaje es escaso, sólo se le entienden ciertas palabras que son fáciles o cortas (pan, agua, etc.); cuando le hago una pregunta (de acuerdo a su edad) suele responderme con la última palabra de la pregunta (lo poco que se le entiende), es muy disperso y no suele comer solo (únicamente si le doy cremas), pero igualmente tarda mucho ya que se distrae con cualquier cosa o se queda mirando algo y puede estar así largo rato hasta que lo llamo por su nombre para que “despierte”. Otra cosa es que camina de puntillas, corre y salta normal, aunque algunas veces corre también de puntillas. Según el pediatra todo esto es normal a su edad, pero la educadora ya me había comentado sobre estos puntos que veía en mi niño. Ella dice que no es que tenga un “problema”, aunque si podemos hacer un seguimiento desde ahora podríamos mejorar gran parte de su evolución. ¿Me aconsejáis acudir al CDIAP como me sugirió la educadora?

Los Centros de Desarrollo y Atención Precoz (CDIAP) atienden a todos los niños que presentan trastornos evolutivos, riesgo de padecerlos, o cuyos padres tienen alguna preocupación en lo que se refiere a su crianza. Por lo que usted dice, su hijo parecería tener dificultades en varias esferas del desarrollo (atención, motricidad, alimentación). Así, pues, es cierto que sería aconsejable la consulta con el CDIAP que le corresponda para que —a través de los datos que ustedes les suministren y del conocimiento directo del pequeño— puedan aconsejarlos respecto a la mejor forma de favorecer su evolución en todas las áreas. La propia educadora —o bien el pediatra— sabrá darle la dirección de dicho centro.
Cualquier cosa más que deseen consultarnos, no duden en volver a escribir. Un saludo.

¡Hola! Tengo un bebé de 14 meses y vivimos los dos solos en Baleares, ya que su padre reside en Madrid, aunque viene a vernos todos los fines de semana y muy a menudo se queda tres o cuatro días a la semana. Pero desde hace unos dos meses, empiezo a notar lo mucho que mi hijo lo echa de menos. Noto que aunque lo lleve bien en general, muchas veces nombra a su padre y se entristece un poco. No sabemos qué hacer, ya que su padre tiene su trabajo en Madrid, pero yo vivo aquí con el bebé por la calidad de vida y porque a largo plazo su padre también se quiere venir a vivir aquí con nosotros. ¿A partir de qué punto debo considerar este sufrimiento de mi niño realmente grave? Gracias por la atención.

Usted nos describe un bebé que, en el sentido de las relaciones, de notar la presencia y la ausencia, parece muy bien orientado. Por supuesto que por los datos que usted nos da, no podemos saber si lo está en todas las otras áreas. Pero centrándonos en lo que a usted la preocupa, el hecho de que el niño note que el padre está ausente y de alguna forma exprese su tristeza no nos parece nada negativo, sino al contrario, nos muestra a un bebé expresivo, que puede dar a entender sus emociones y que valora la relación que ustedes le ofrecen. ¿Que qué puede hacer? Lo primero es, a pesar de que sea pequeño y de que alguien pudiera creer que no va a entenderla, hablarle a su hijo, poner en palabras lo que usted nota, diciendo por ejemplo: “Sí, papá se ha marchado y tú lo echas de menos, te gustaría que estuviera aquí, pero vendrá dentro poco…”. El niño no entenderá todas las palabras, quizá, pero sí lo que usted trata de transmitirle. Háblele de su padre, de lo que debe de estar haciendo, de si ha llamado por teléfono y de que él también se acuerda del niño. Hay quien cree que si alguien echa de menos no se le debe nombrar a la persona ausente, pero esto no es así, puesto que hablarlo, hacerlo presente en las palabras y pensamientos, hablar de los sentimientos, no solamente acompaña mucho mejor, sino que facilita que el niño vaya teniendo claros sus sentimientos y pueda expresarlos. En este sentido, acompaña claramente más. Otra posibilidad que usted tiene es irse a vivir a Madrid mientras el padre esté trabajando allí. Seguro que, en el sentido estrictamente familiar, tendrían aún mejor calidad de vida.

Nuestro hijo de 3 años tiene un comportamiento muy diferente en casa y en la escuela: en la escuela es un niño movido, si bien sin ninguna exageración, le cuestan algunos apartados de los que se trabajan y va sobrado en otros, es muy cariñoso, muy abierto y agradable. Pero en casa cambia mucho, no acepta nunca un no, siempre parece que tenga que traer la contraria a todo, no se quiere levantar, desayunar, ir a hacer un pipí, vestirse..., siempre tiene que ser cuando él quiere. Es bastante repetitivo con las cosas, muy insistente y absorbente, y todo esto lo manifiesta haciendo marranerías o llorando; llora todo el día. Hay que decir que tiene una hermana 14 meses más pequeña y que le ha costado de andar y hablar; está yendo a una logopeda para resolver este problema. Con el niño no sabemos cómo actuar y limita mucho las actividades normales de una familia de nuestras características. Nuestra pregunta es: ¿tiene algún problema? ¿Cómo tenemos que actuar?

Los datos que usted nos da sobre su hijo hacen pensar que, en este momento, le está costando asumir los cambios que el crecimiento comporta. Se le están haciendo difíciles y duros y lo está pasando mal. Manifiesta su sufrimiento a través de la conducta de oposición y del llanto que usted refiere como mucho frecuente. Además, el hecho que ustedes estén absorbidos por la hermanita pequeña, cuando él todavía es también muy pequeño y, por lo tanto, necesita todavía mucha atención, le es probablemente una dificultad añadida.
En la escuela, donde los afectos no son intensos como casa y además no hay la hermanita, su conducta, tal como pasa a menudo, es diferente. Allá son muchos niños, todos en condiciones parecidas. Es una muestra de madurez que pueda diferenciar y allá pueda integrarse, aguantando el malestar cuando hay. Toda la ansiedad que la separación de ustedes conlleva, el sufrimiento, el echar de menos y los celos puede mantenerlos controlados las horas que está en el centro escolar, pero una vez está en casa, donde él se siente querido y seguro, sale, naturalmente, su banda regresiva y se descarga con las conductas que usted describe.
Pensamos que sería aconsejable que lo consultara con un centro psicológico. Usted tiene a su disposición el Centro de Desarrollo y Atención Precoz (CDIAP) que le corresponda según el lugar de residencia. Los CDIAP son centros públicos gratuitos que forman parte de la red asistencial de Cataluña. El pediatra o bien la escuela le sabrán dar la dirección. Si lo desea, naturalmente, también puede consultar un servicio privado.

Tengo dos gemelos, niño y niña de 16 meses. Desde los 5 que van a la guardería, puesto que tuve que volver a trabajar, aunque haciendo reducción de jornada, y puedo estar todas las tardes con ellos. Son dos niños sanos y felices ‌—la pediatra siempre me lo dice‌‌— y no tienen problemas de relación. Ahora voy observando que cada vez más no extrañan el resto de la familia que no ven tanto a menudo, y cuando están ellos, a mí empiezan a no hacerme caso. Estoy preocupada y triste. ¿Qué puedo hacer? Hoy, por ejemplo, cuando he marchado a trabajar, mi hijo ha preferido que lo cogiera su abuela y no yo. ¿Cómo puedo potenciar su relación conmigo? Juego con ellos cada tarde, los baño, les preparo la ropa, la cena, les doy la comida, les canto, bailamos... También los regaño si hacen algo que no tendrían que hacer, como subirse en el sofá, abrir los armarios, cuando uno pega el otro o le saca el juguete... De hecho, soy yo la que marca las reglas en casa y no sé si me empiezan a ver como “la mala”, espero que no. Y regañarlos sólo es decirlos “no” con un tono de voz diferente. Gracias por su atención.

Cuando los niños van a un hogar de niños desde tan pequeños se acostumbran a tener que relacionarse con mucha gente y, por lo tanto, no se extrañan tanto con la presencia de extraños. Naturalmente, esto se hace más evidente en unos niños que en otros. Los suyos, además, por el hecho de ser dos, se tienen que “repartir” siempre su atención —y la de los otros— facilitando que también busquen en otros adultos.  Además, a menudo, cuando empiezan la guardería o bien tienen que separarse temporalmente de la madre, los niños pueden manifestar su inquietud no “reconociendo” los extraños, para no tener que notar tanto la ausencia de la madre y así disminuir el sufrimiento.
Es posible también que si usted está preocupada, triste o dolida por la conducta de los niños, tenga ahora más dificultad para establecer una relación fácil y distendida.
Ir a la guardería desde tan pronto es, evidentemente, una dificultad para la evolución de los niños. Pero se minimiza si se los trae el mínimo de horas posible y si los padres les dedican la máxima atención las horas que los tienen. Así, padres y niños fortalecen al máximo el conocimiento mutuo y los padres, con la relación diaria y continuada con el niño, pueden compensar los estímulos que la educadora (que tiene muchos niños a su cargo) no puede ofrecer.
Si usted continúa preocupada, estaría bien que hiciera una consulta al CDIAP (Centro de Desarrollo y Atención Precoz) que le corresponda por distrito (el pediatra o la escuela de los niños le podrán dar la dirección)  o a una consulta privada de atención precoz, para salir de dudas y recibir ideas para mejorar la evolución de los niños.
Si desea alguna aclaración más, no dude a escribirnos.

Mi hijo tiene casi 4 años. Siempre había sido un niño inquieto y muy movido, pero bastante sensato y obediente. Desde que empezó la escolarización tenemos problemas con él, en el sentido de que no quiere levantarse, no quiere vestirse, no quiere desayunar... Todo funciona a través de amenazas: “Si no haces esto, te castigaré sin aquello”, o bien por recompensas: “Si haces esto, te daré un premio”. Se ha vuelto desobediente y desafiante, hay que decirle las cosas un mínimo de tres veces, puesto que se hace el sordo constantemente. En el colegio también me han comentado que no para quieto, que se levanta cien veces de la mesa en el comedor (como en casa), etc. Lo cierto es que cada vez me cuesta más no gritarle y no son pocas las ocasiones en que he pensado en darle un azote en el culete, a ver si reacciona. Tenemos la sensación, tanto su padre como yo, de que deberíamos estar todo el santo día castigándolo para conseguir que obedeciese, aunque nos reprimimos, porque queremos buscar la manera de hacerlo bien con él, sin entrar en una constante guerra familiar. En el colegio también suelen castigarlo, a pensar, en otra mesa, en la clase de los mayores... Estoy apenada y me siento bastante impotente. Su pediatra ha descartado la hiperactividad. Por otra parte, la valoración personal de sus profesores es que es un gran ser humano, solidario, atento con las cosas y las personas, muy cariñoso, etc. En febrero tuvimos una niña, pero lo que les relato viene de antes, incluso, de estar embarazada. No sabemos cómo impartir la tan necesaria disciplina o marcarle límites efectivos, sin que sea un proceso destructivo para nuestro hijo y para nosotros. Por último, comentarles que es un niño que no se defiende cuando algún compañero o compañera lo agrede y, en ese sentido, me siento culpable, puesto que hemos tratado de educarlo en la solidaridad y en el respeto al igual y la consecuencia es que “lo calientan” y su única defensa es el razonamiento con su agresor, en el sentido de repetir las máximas que le hemos dado en casa: “No se pega”, “hay que respetar a los compañeros”, etc. Si le preguntamos al respecto, no quiere contarlo y si por fin lo hace (le cuesta horrores hablar de las cosas del cole, sean las que sean), disculpa siempre al niño o niña que le ha pegado: “No quería hacerlo”, “se ha equivocado”, “la culpa es mía”, etc. Él nunca ha pegado a ningún niño, aunque ha intentado pegarnos a nosotros cuando se enfada. Obviamente, no toleramos esta actitud y la reprendemos al instante. Por favor, ¿podrían orientarme y aconsejarme? Se lo agradecería eternamente. Muchas gracias por su atención.

Nos describe usted a un niño sensible que, aunque ha aprendido las “máximas” de la familia y, cuando le pegan, se las repite a sus compañeros, no es capaz de respetarlas él mismo, ya que su inquietud de fondo no se lo permite (no puede parar quieto). Probablemente se suman sus características personales —lo describe usted como un niño “explorador”, o sea, movido, inquieto desde siempre— junto con el embarazo, la llegada de su hermanita y la entrada en el colegio.  Estas últimas son situaciones que siempre generan ansiedad en los niños.
Lo que parece también claro es que se está generando un círculo vicioso en la familia y en el colegio: su hijo los irrita con su conducta, con lo que no encuentran formas de ayudarlo a tranquilizarse. A su vez, ustedes, sintiéndose aun sin querer, tensos, enfadados e impotentes,  lógicamente aumentan su inquietud y temor. Igualmente, en el colegio va de castigo en castigo, todo lo cual por fuerza lo hace sentir cada vez más rechazado y también cada vez menos bueno y menos digno de amor.
Ante esta situación creemos que lo más adecuado sería que consultara usted con un equipo psicológico que, después de conocer la situación a fondo, les ayudara a encararla de forma que pudieran dar a su hijo el trato necesario para que él pudiese ir tranquilizándose y encarrilándose adecuadamente. Además, los profesionales que conozcan al niño valorarán si hace falta alguna ayuda específica para él.
Puede ponerse en contacto con el Centro de Desarrollo Infantil y Atención Precoz (CDIAP) o con el Centro de Salud Mental Infanto-Juvenil (CSMIJ) que le corresponda según su lugar de residencia. Naturalmente, también puede consultar en un centro privado.
Si desean cualquier otra cosa, no duden en volver a escribir.

Buenos días, tengo una hija de 2 años y 4 meses. Ya hace unos 3 meses que no lleva pañales de día. Lleva sólo para dormir por la noche y hace unos días que tengo la sensación que se aguanta las ganas de hacer caca, está nerviosa, cruza las piernas y salta. Le digo que vamos a hacer caca y no quiere. A veces me dice que le hace daño el culo. Hace 4 meses tuvo un hermanito. No sé si esto es una cosa normal o puede tener que ver el hecho de tener un hermanito y lo hace para llamar la atención. No lo sé, pero está bastante angustiada. Fue ella quien, cuando nació su hermano, dijo que ya era grande y quiso dejar los pañales. Muchas gracias.

Esta conducta puede tener que ver con diferentes factores: que la niña tenga repeluses relacionados con la contención de esfínteres, con el hecho de tener que contener y que, por miedo a ensuciarse encima, haya desarrollado alguna tendencia a retener. Puede ser que esto esté provocando un cierto estreñimiento de resultas del cual la defecación realmente le haga un poco de daño. Con esto se puede estar produciendo un círculo vicioso que traería además retención. Todo esto puede estar potenciado por el nacimiento del hermano, circunstancia que seguro favorece que esté nerviosa. Puede haber todavía otras posibilidades.
Podría proponerse una dieta un poco laxante, con fruta y verdura, para hacer disminuir el estreñimiento, reducir un factor de la retención y facilitar que se recupere el funcionamiento normal. Pero esto podría complicar la cuestión alimentaria, especialmente si alguno del alimentos recomendables no gustaran a la niña. Por eso, creemos que sería mejor hacer directamente una consulta en el Centro de Desarrollo y Atención Precoz (CDIAP) que los corresponda por distrito. Su pediatra podrá darles la dirección del Centro que los corresponde a ustedes. Allá estudiarán la situación y podrán orientarles sobre qué está pasando y qué hay que hacer para que la conducta no se fije. De paso, podrán explorar y orientarlos en cuanto a la relación con el hermanito y todo lo que la niña debe de estar viviendo en estos momentos. Es una buena manera de hacer prevención. Naturalmente, también pueden dirigirse a una consulta privada.
Si desean algo más, no duden a volver a escribir.

Tengo una niña que de aquí a un mes hará 4 años. Creo que mi hija está demasiado preocupada por temas como la muerte. Pienso que todo viene de ahora hará un año: en su clase había un niño que murió a raíz de una enfermedad. Los maestros les explicaron lo que había pasado con un lenguaje adaptado a su edad y yo hice lo mismo. No le he hablado nunca más del tema, pero ella me pregunta muy a menudo por este niño, si yo estoy triste porque se ha muerto, si pienso que su familia deben de estar tristes, me ratifica verbalmente que el niño se ha puesto enfermo y por eso ha muerto, etc. Yo intento contestarle contrarrestando su angustia e intentando sacarle importancia y dándole normalidad para no angustiarla más. Por otro lado, también me preocupa, y quizás tiene alguna relación, que cuando ve una película con algún episodio triste, por ejemplo una muerte, alguien que marcha, llora desconsoladamente y no para de preguntar el por qué. Evidentemente que esta es la etapa por excelencia del "por qué" y no sé si tiene relación, pero creo que lo pregunta en exceso. En general está muy preocupada por todo y tiene una gran memoria visual. Recuerda cosas o gente —de que quizás hemos hablado hace muchos meses y ni siquiera directamente con ella— y de repente le vienen a la memoria y los incluye en la conversación; yo me quedo de piedra. No sé si todo debe de tener relación, pero estoy un poco preocupada por esta sobrecarga emocional que parece que tiene mi hija. Agradecería algún comentario. Gracias por adelantado.

La cuestión de la muerte suele interesar y a menudo preocupar mucho los niños de 4 o 5 años, puesto que es cuando se les hace clara su irreversibilidad. En el caso de su hija, no es extraño que se haya avanzado su interés por este tema por el hecho de haber vivido una experiencia tan cercana y tan sobrecogedora cómo es la muerte de un compañero de clase. Además, el hecho que ustedes traten de evitar la conversación más bien le debe de generar todavía más angustia. El sentimiento viene a ser una cosa como «los padres también tienen miedo de la muerte, por eso no pueden hablar y no me pueden proteger de ella que debe de estar muy cerca”. Por eso, ayudará más a su hija si le permite hablar de su compañero difunto, recordarlo, hablar de la añoranza que quizás sienta, de la inquietud que tiene, quizás del miedo, y también, si usted le reconoce que sí,  que la familia del niño debe de estar muy triste. El hecho de poder hablar, de poderlo compartir, contrariamente al que a menudo se cree, ayuda a perder el miedo a las situaciones angustiosas, las convierte en nombrables, en temas que se pueden comentar, en lugar de quedar en el trasfondo como una amenaza más o menos fantasmal.
A su hija también le puede decir que es excepcional que un niño se muera, que la gente suele morir cuando ya es muy viejecita, y que, por lo tanto, no es fácil que ni ella ni ustedes se mueran antes de que ella sea grande y capaz de cuidarse; este es un punto que preocupa siempre mucho los niños. Puede recordarle las personas que han llegado a mayores que tiene a su alrededor. También será bueno que aproveche para diferenciar que estar enfermo —como ella le debe de pasar de vez en cuando— no  quiere decir morirse; si no, cada vez que enferme, ella o alguien querido, tendrá la impresión que esta persona se morirá.
Dicho todo esto, es cierto que usted describe una criatura muy sensible y sufridora, más de lo que correspondería a las angustias propias de la edad. Pensamos que les sería útil hacer una consulta en un centro psicológico porque después de escucharlos a ustedes y de estudiar la situación de la niña, los ayuden a apoyarle o incluso, si lo consideran necesario, los propongan una ayuda psicoterapéutica para su hija.
Si quieren, pueden consultar en el Centro de Desarrollo Infantil y Atención Precoz (CDIAP)que los corresponde según el lugar de residencia. Son centros públicos financiados por la Generalitat. Obviamente, también puede consultarlo en un centro privado.
Si desea algo más, no dude a volver a escribir.

Tenemos un hijo de 3 años que hace P4; es de los pequeños de la clase. Es un niño que habló muy pronto y que tiene un vocabulario muy rico para su edad. Tiene mucha facilidad para expresar las emociones y habla a menudo de sus sentimientos. Es zurdo de mano y de pie (chuta la pelota con la izquierda). En la escuela nos han comentado que tiene una inmadurez en el trazo y esto hace que tenga dificultades con el grafismo y en las actividades que tienen que ver con la escritura y la capacidad de coger cosas, a pesar de que el niño es capaz de abrochar cremalleras y botones. La tutora nos ha dicho que el hecho que sea de los pequeños de la clase y zurdo no es motivo para que vaya atrasado en esos aspectos. Él es muy consciente que los trabajos de clase no le salen todo lo bien que a los otros niños y esto le ha creado un problema hasta el punto que rechaza ir a la escuela y está angustiado: cuando vamos por la calle hacia la escuela, a medida que nos acercamos se le acelera la respiración y se pone nervioso. Cuando le preguntamos si está enfadado porque los trabajos no le salen bien, su respuesta es: "No estoy enfadado, estoy triste y tengo mucho miedo". Como padres, estamos preocupados puesto que lo que queremos es que nuestro hijo vaya contento a escuela. Justo es decir que es un niño muy nervioso, tremendamente activo, que necesita estar haciendo actividades constantemente y que manifiesta que dormir lo aburre. Acostumbra a estar enfadado y busca frecuentemente el conflicto y el enfrentamiento. De momento, ya hemos hablado con la escuela y nos han encomendado trabajos para casa. Hemos pedido que lo cambien de mesa y lo pongan a primera fila y con niños que no sean los más brillantes de la clase, puesto que nuestro hijo tiende siempre a comparar sus trabajos con los de los otros y esto lo hace estar todavía más inseguro. Querríamos que nos asesorarais sobre cómo enfocar este problema con el niño y que nos digáis si creéis que sería conveniente para él y para nosotros que lo habláramos con un especialista. Muchas gracias.

Nos describe un niño capaz, avanzado en el habla y con mucha facilidad para expresarse verbalmente y, hasta este momento, con ciertas dificultades para el grafismo y para la producción escrita. También nos indica que desde el punto de vista emocional es un niño sensible, sufridor, exigente con él mismo, que cuando las cosas no le salen desfallece y se siente inseguro. Además, nos explica la vertiente enojada de su carácter, que lo trae  a conflictos y enfrentamientos. Estas diferentes facetas del niño naturalmente se influyen unas a otros; así, si las cosas no le salen como él querría, se siente más inseguro, más triste y decaído, y como él mismo dice, con miedo, situación que no le permite aprovechar mejor sus capacidades, por lo cual todo ello todavía le sale menos. Los trabajos escritos le cuestan y él —que se da cuenta perfectamente— aumenta todavía más los niveles de angustia, inseguridad y tristeza. Se crea un círculo vicioso.
En esta situación de sufrimiento pensamos que vale la pena hablar con él, apoyarle, ayudarle a darse tiempo, recordarle que sus compañeros son más grandes y que él también irá aprendiendo a dibujar y a hacer grafismo como todos.
De todas maneras, además, creemos que sí que vale la pena que consulten con un especialista que, después de conocer el niño y recoger toda la información que necesite, haga equipo con ustedes y con la escuela para mirar de ayudarlo a disminuir los nivel de angustia y sufrimiento. Los aspectos mencionados del carácter de su hijo que usted describe, como por ejemplo la tendencia a estar enfadado y a crear conflictos y enfrentamientos, así como la desazón y la tensión que nos explica, y también la misma inseguridad y miedo, preocupan en orden al carácter y a la estabilidad emocional de su hijo en el futuro.
Si lo desean, pueden dirigirse al CDIAP (Centro de Desarrollo Infantil y Atención Precoz) que los corresponda por la zona donde viven. Su pediatra o bien la escuela les sabrán dar la dirección. Naturalmente, también pueden decidirse por una consulta privada. Si desean cualquier otra cosa, no duden a volvernos a escribir.

Tenemos un niño de dos años y diez meses. El mes que viene, cuando todavía no tendrá tres años, nacerá su hermano. Hace unos tres meses que le hemos sacado los pañales. Con el pipí no ha habido ningún problema, pero con la caca, a pesar de que algún día pide para hacer, casi siempre se la hace encima y lo dice enseguida que la ha hecho. Cuando notamos que está a punto de hacer le preguntamos si ya está haciendo y si quiere ir al baño, pero dice que no. Al poco tiempo se la hace encima. ¿puede haber algún problema? ¿Cuál es la mejor conducta a seguir? Gracias

Es evidente que su hijo se da cuenta de cuando hace las deposiciones, pero le cuesta hacerlas en el orinal. Esta no es una situación infrecuente, puesto que hay niños a los cuales se les hace difícil —o les asusta— tener que hacer bastante sentados, teniendo además la sensación que pierden algo de dentro que no acaban de entender. Esto se acentúa todavía más cuando van estreñidos, situación que conviene evitar mediante la dieta. Es muy importante no entrar con el hijo en un polos de reproches, abucheadas, gritos, castigos…  que no harían más que aumentarle la inquietud y la tensión sobre la utilización de la orinal. Conviene más bien animarlo a sentarse aunque de momento no consiga hacer nada; irle recordando que allá puede hacer las necesidades, acompañarlo, estar con él el rato que le haga falta, hablarlo y darle tiempo para que pueda irlo aceptando.
Todo esto aún más teniendo en cuenta el próximo nacimiento del hermanito y la inquietud que, con toda seguridad, le generan todos los cambios que se producen a su alrededor. Si le dan tiempo, no lo fuerzan mucho y lo acompañan en el proceso de aceptar el orinal, lo acabará consiguiendo.
De todas maneras, para cualquier cuestión que quiera plantearnos, no dude a volver a escribir y, si la situación persistiera demasiado tiempo o ustedes estuvieran muy preocupados, sería aconsejable hacer una consulta especializada a un psicólogo o psiquiatra de niños pequeños.

Nuestra hija tiene 3 años y va a P3. Siempre hemos creído que tiene facilidad de palabra y que es una niña despierta. No obstante, la timidez le hace menguar todo el carácter que demuestra en casa. Cuando se relaciona con los otros en la escuela o en el parque, pierde totalmente su identidad. Lo observa todo, siempre lo ha hecho, pero es poco activa hacia los otros. Ahora, en la escuela no habla con nadie, ni con los profesores ni con los alumnos. Se comunica a través de gestos (sí o no con la cabeza) o, si forzosamente tiene que hablar, lo hace con una voz muy bajita. Le preguntamos si tiene miedo y nos dice que sí. También creemos que las actividades que hace en la escuela las realiza bien, pero lo que realmente nos preocupa, y mucho, es su relación con la sociedad, en este caso la escuela, sobre todo. Realmente, cuando sale de su entorno familiar, es cómo si el gato se le comiera la lengua... Los padres tenemos una tendencia natural a sufrir y vemos esto como un grave problema que necesita la ayuda de los profesionales. ¿Lo entendéis así por esta breve descripción que os hacemos? Gracias.

Uno se pregunta qué debe de haber pasado o qué le debe de estar pasando a su niña por «haberse vuelto» tímida hasta este punto. Es difícil saberlo sólo con la información que nos da. Pero lo que sí que está claro es que hay que acompañarla, darle tiempo y apoyo, hablar con ella, destacarle las calidades que tiene y las cosas que hace bien, tranquilizarla en relación con las que le cuestan, ayudarla (cómo parece que ustedes ya hacen) en cuanto al miedo, tal vez al temor de las cosas que puedan fallarle. De este modo, ella se sentirá querida, tanto si se atreve a hacer las cosas como si no, y podrá ir cogiendo más confianza en sí misma.
De todas maneras, si esta situación de temor y timidez persistiera, sí que sería recomendable consultar un profesional (un psicólogo dedicado a niños pequeños) que pudiera conocer la niña y, de acuerdo con ustedes, encarrilar la situación. Podrían consultarlo al CDIAP (Centro de Desarrollo y Atención Precoz) que corresponda a su Distrito. Estos centros pertenecen en la red de asistencia pública y atienen niños de cero a seis años. La escuela misma les podrá dar la dirección y el teléfono para concertar una hora.
Si tienen alguna consulta más, no duden a volver a escribir.

Tengo un hijo de dos años, y no sabemos como afrontar sus continuos desafíos. Sólo hace falta que le digamos que esto no se hace o que aquello no se toca, que le falta tiempo para hacer lo que no tiene que hacer. Nos es totalmente imposible de ir a pasear con él: el cochecito no lo quiere ni ver, no anda, y si lo hace no nos da la mano y va por dónde quiere, y sólo conseguimos llegar donde queremos con él a cuestas. Con el coche no podemos hacer trayectos más largos de 10 minutos, porque se saca las correas de la sillita (sacando los brazos) y se pone nervioso hasta que empieza a llamar y a llorar. No podemos ir a ninguna parte ni hacerlo creer con nada. Es muy cariñoso, y mucho, muy inteligente para la edad que tiene. Habla muchísimo, tiene mucha habilidad para hacerse entender, y su padre y yo estamos convencidos que también entiende todo lo que le decimos. Estamos muy desesperados porque creo que quizás somos nosotros los que no lo entendemos o que quizás no le dedicamos suficiente tiempo. Estamos muy desconcertados y ya no sabemos como afrontar su comportamiento. Lo regañamos, lo castigamos al rincón de pensar y le explicamos que esto no puede ser, pero no sirve de nada: es como hablar con una pared; la mayoría de veces ni nos mira ni nos escucha. ¿Qué podemos hacer?

Hacia los 2 años, todos los niños pasan por un periodo de autoafirmación, en que muestran que tienen ideas propias y las defienden con todas sus fuerzas. Además, como que todavía son muy pequeños, no saben explicarse, ni pueden ser flexibles, de forma que las pataletas son a menudo muy frecuentes. Hay que darles tiempo, acompañarlos, ser firmes y a la vez cariñosos, apoyarlos y explicarles —aunque no sepamos hasta qué punto nos comprenden— por qué no pueden hacer todo lo que quieren. Poco a poco, el modelo de los padres tolerantes y cariñosos con ellos, va ayudándolos a madurar y a poder ser ellos también —progresivamente— más flexibles y tolerantes. Generalmente los castigos sólo empeoran la situación —aunque sea “ir al rincón de pensar”, que por otro lado no saben qué quiere decir.
Usted describe una situación bastante estancada con su hijo.  Es posible que si están muy ocupados les sea difícil poder dar al niño todo el tiempo que necesita, y que él, añorado y nervioso, esté más difícil. De hecho, tendrían que ser ustedes los primeros en cambiar de actitud, puesto que de él, pequeño e inmaduro, no se puede esperar que ejerza la tolerancia.
Si la situación no evoluciona, le aconsejamos consultarlo al CDIAP (Centro de Desarrollo Infantil y Atención Precoz) que le corresponde por Distrito, porque puedan conocer el niño y darlos orientaciones que se escapan en el espacio de esta consulta. El pediatra —o el hogar de niños, si va— le sabrán dar la dirección. Son centros públicos y cada uno atiende el sector de población que le corresponde.
Para cualquier otra cosa que necesite, no dude a volvernos a escribir.

Hola, buenos días, Tengo un niño de 2 años que todavía no habla, dice palabras sueltas y muy pocas y a pesar de que entiende perfectamente todo lo que le decimos y conoce los objetos, los colores, las formas, etc., no habla nada. Tiene episodios de mala conducta, cuando no le entiendo o hago ver que no le entiendo para que diga las cosas por su nombre y no señalándolas con el dedo. Entonces se enfada mucho, chilla y llora y no sé qué hacer. También come mal, todavía quiere la comida triturada, a pesar de que come pan y la fruta se la come entera; y le cuesta mucho ir a dormir. ¿Qué hago? Estoy sola, no tengo compañero y a veces se me acaba la paciencia y acabo gritándole y regañándolo mucho.

En realidad, usted nos hace varias consultas en una. Yendo por partes, el nivel de lenguaje que describe de su hijo sería justito para un niño que acabara de hacer dos años, pero todavía se podría considerar en la franja de lo que es normal. Si el niño estuviera cerca de hacer tres, sí que sería muy escaso y preocupante, y haría falta no esperar a hacer una consulta.
Otro punto es la cuestión de fingir que no se entiende el niño para obligarlo a hablar o a hablar más correctamente. A pesar de la buena intención, nunca es una buena idea forzar los niños a hablar o tratar que hablen mejor haciendo ver que no se los entiende. Si el niño no tiene la palabra adquirida, no la puede decir.  Pero, además, la sensación que tiene el niño que no se le entiende, el sentimiento de fracaso y de soledad para no conseguir hacerse entender, es muy frustrante y no hace ir más deprisa, sino al contrario: hace que el niño se sienta incapaz, inseguro y que se bloquee más. A pesar de que a usted le pueden haber aconsejado que lo haga así, vale más no hacerlo. Sus enojos no son mala conducta, sino sufrimiento, desesperación. La insistencia y los regaños le generan más malestar y ansiedad —que sale en forma de pataleta— y lo ponen en peores condiciones para aprender.
Será mucho más útil, tranquilizador y estimulador que usted haga todo el posible para entenderlo, y que le repita a él con una frase sencilla, claramente pronunciada, lo que usted ha entendido. Así los dos pondrán esfuerzo y él podrá confirmarle que usted pone todo lo posible de su parte. De este modo se preserva y se amplía  la comunicación entre los dos y él puede ir aprendiendo el habla.
Los problemas de comer y dormir podrían ir asociados a la situación de tensión que ahora se vive entre los dos.
Tener que criar un hijo a solas es siempre muy difícil y se entiende muy bien que esté nerviosa. Por eso, sería positivo que hiciera una consulta al CDIAP (Centro de Desarrollo Infantil y Atención Precoz) que le corresponde por Distrito. El pediatra o el hogar de niños —si va— le sabrán dar la dirección. Ellos podrán orientarla y apoyarle para hacerle menos difícil la función de madre.
Para cualquier otra cosa que necesite, no dude a volvernos a escribir.

Tenemos una niña de tres años. En la escuela es muy campechana, autónoma, sociable, alegre, no tiene ningún problema. En casa es una niña caprichosa, absorbente, muy llorona, muy quejosa y rabiosa, no se quiere vestir, no quiere tomarse la leche, no quiere... No parece la misma niña. No entiendo este cambio de comportamiento que, además, se agudiza un trescientos por ciento con la presencia de la madre. Lo que me preocupa es que muchas veces no me deja dedicar a mi hijo de 6 años el tiempo que necesita y me preocupa también que no pueda ser feliz. Intentamos explicarle las cosas, hacer que razone, miramos de tener mucha paciencia, pero no hay manera... No sé como hacerlo para que sea feliz en casa.

Lo que usted explica no es excepcional. A menudo los niños sacan lo más maduro de ellos mismos en la escuela, donde los afectos son menos intensos que en casa, donde hay otros niños que sirven de modelo, en comparación con los cuales no se quiere quedar mal… y el más regresivo en casa, donde las necesidades y los afectos son más intensos y dónde hay más confianza. De hecho, que la niña saque las tensiones en casa, a pesar de que le haga las cosas más difíciles, es una muestra de confianza hacia usted, que ya se ve que es la persona central para ella y, por lo tanto, la atención de la cual se desea y necesita más. Claro que usted dirá: “Qué gracia!”. En realidad, los adultos a menudo hacemos lo mismo: fuera nos contenemos y tenemos más tendencia a sacar el mal humor en casa. Además, en casa hay el hermanito y con los celos tenemos que contar, puesto que no solamente tienen celos los hijos grandes de los pequeños, sino que los pequeños también tienen de los grandes y ella quizás nota que usted está lógicamente preocupada para darle la atención necesaria al grande.
El problema es que se puede estar iniciando un círculo vicioso: cuanto más absorbente y “caprichosa” es ella (que, en realidad, no es tal, puesto que se trata de necesidades normales en los niños, a pesar de que más o menos intensas según cada uno), más nerviosa, lógicamente, se debe de poner usted, más se tensa el ambiente y más angustiada y culpable se siente ella…, lo cual debe de llevar nuevamente más necesidad de atención, de comprobar que usted la aprecia, más reclamación…..
Recomendarle paciencia es fácil. Tenerla es mucho más complicado. Pero esta situación puede cambiar mucho, mejorar, a pesar de que requiera tiempo y todo parezca una eternidad. Si usted se hace el cargo que la niña está sufriendo y que no es mala (cómo quizás se piensa ella) ni tiene ganas de fastidiar, sino que hace aquello que se puede esperar por sus necesidades, quizás esto le servirá para aguantarlo algo mejor. Darle a ella muestras de afecto, seguridades, hablarle, explicarle que ya lo entiende, quizás la tranquilizaría un poco y haría las cosas menos difíciles. Los niños a los cuales les pasa lo que a su hija suelen sentirse malos, no dignos de ser queridos y entienden los enojos de los padres como que ya han perdido el afecto de ellos.
De todas maneras, si la situación se mantiene, quizás sería útil la ayuda de un profesional, en la medida en que lo podrían ir hablando y buscando maneras de enfocar la situación. Podría consultarlo al CDIAP (Centro de Desarrollo y Atención Precoz) que los corresponda por distrito. La escuela o el pediatra los sabrán dar la dirección y el teléfono porque pidan hora. Estos centros atienen los niños entre los 0 y los 6 años. Son de asistencia pública y, por lo tanto, los padres no tienen que hacer ningún gasto económico.
Si desean algo más, no duden a volver a escribir.

Hola, tengo un niño de 3 años que ha empezado P-3 este año y, a pesar de ser de los más pequeños de la clase, ha tenido una buena adaptación. Es un niño con una capacidad comunicativa poco frecuente a su edad, según nos han dicho siempre ya desde la guardería; empezó a hacer frases de tres y cuatro palabras coherentes al año y medio y, actualmente, su vocabulario es muy rico y preciso, y su razonamiento y comprensión tampoco son muy comunes a su edad. El problema es que es extremamente sensible y se frustra con mucha facilidad. Cuando no obtiene algo que cree que ha pedido de manera correcta, llora y se desespera, y tampoco tolera que las cosas se hagan mal. Es muy sociable, pero busca sobre todo la compañía de adultos porque dice que los niños de su clase no hablan. La maestra dice que le hace falta pasar más ratos con otros niños, pero nuestro hijo no tiene hermanos, a pesar de que ha ido a la guardería desde los nuevo meses y siempre hemos procurado que esté cerca de sus primos o amigos. ¿Cómo se puede compensar su madurez racional con su inmadurez emocional, si es que se puede decir así?

Usted nos describe un niño muy inteligente, muy capaz especialmente para las funciones verbales, pero aun así bastante frágil emocionalmente, como comenta cuando habla de inmadurez. Parece muy exigente, tanto con él mismo como con los otros, y que necesita que todo sea muy correcto y esté muy muy hecho, que nunca falle nada. Por él, que algo no salga bien es un gran fracaso o un desastre, por eso sufre y se desespera. Diríamos que le cuesta aceptar ser niño, o sea ser pequeño, y que las cosas cuesten o no siempre salgan bien. De hecho, él rechaza los niños de su edad porque son niños, son pequeños, están apenas aprendiendo, mientras que él “ya sabe”. Parecería como si él mismo hubiera sido muy exigido o hubiera tomado la valoración de ustedes como exigencia: quizás, lógicamente, se le ha celebrado mucho su capacidad y él ha sentido que para ser aprobado, para complacerlos, había que hacerlo todo muy bien, y ahora necesita destacar para sentirse seguro.
Pensamos que tendrían que darle mucho apoyo, cuando una cosa falla y él se desespera reconfortarle, decirle que no siempre puede salir todo bien, que ya se sabe que a veces las cosas no salen, ayudarlo a esperar, a volver a probar. No le exijan que pida las cosas de manera correcta; si es él quien se lo exige, muéstrenle que no hace falta, que le quieren aunque no sea tan capaz. En definitiva, se trata de ayudarle a poder ser  niño, a aprender las cosas de manera progresiva, no tener que hacerlas todas bien ahora. No parece que lo que le haga falta sea pasar más ratos con niños —que ya ha pasado muchas incluso desde bebé—, sino que necesita más apoyo de ustedes en su fragilidad. El camino no será rápido, pero puede ayudar mucho.
Será muy importante la evolución. Si ustedes le reconfortan, le apoyan y lo ayudan a tolerar su nivel de niño pequeño, puede evolucionar hacia sentirse más seguro, en lugar de ser tan capaz por un lado, pero tan inseguro en el fondo. Si observan que la situación de ahora no se modifica bastante y el niño continúa sufriendo y ustedes también, los aconsejaríamos que consultaran al CDIAP(Centro de Desarrollo y Atención Precoz) que los corresponde según el distrito donde viven. Son centros de asistencia pública gratuitos. La escuela o el pediatra les podrán dar el teléfono y la dirección. Evidentemente, también pueden dirigirse a una consulta privada.
Si desean algo más, no duden a volvernos a escribir.

Soy madre de un bebé de 2 meses recién cumplidos pero desde que salió de la clínica casi siempre que subimos al coche tiene la misma reacción, que consiste en llorar y llorar sin parar hasta que nos bajamos. La verdad es que resulta muy angustioso, ya que el llanto se incrementa a medida que pasa más tiempo en el coche, llegando al extremo de pasar de llorar a gritar y sólo cesa, y eso con suerte, en el momento en que bajamos del coche, ya que a veces no ha parado hasta que hemos llegado a casa y lo hemos cogido en brazos. A veces ha llegado a tener esta misma reacción sin necesidad de subir al coche y simplemente por el hecho de ponerlo en su cochecito para salir a pasear, teniendo en cuenta que el lloro ha durado durante todo el paseo incrementando en intensidad a medida que éste avanzaba y cesando cuando se ha dormido por cansancio. En ambos casos nuestra reacción ha sido la misma —y más concretamente la mía, ya que soy yo la que va sentada a su lado en el asiento de atrás mientras él va en su capazo—: cantarle, hablarle intentando tranquilizarlo, cogerlo de la mano... pero no sólo no ha dejado de llorar, sino que incluso lo ha hecho más fuerte. Me gustaría saber si podemos hacer algo para intentar mejorar esta situación ya que el hecho de viajar en coche es inevitable, y no digamos el paseo en su cochecito, y si nuestra reacción es la correcta o debemos actuar de otra manera para evitar que sufra, ya que en alguna ocasión se ha llegado a poner tan rojo y a gritar con tal intensidad que parecía que se ahogaba y he tenido que cogerlo en brazos para calmarlo. No sé si será relevante, pero como dato del carácter de Alberto, que así se llama mi hijo, os diré que es un bebé muy nervioso y que apenas duerme. Muchas gracias de antemano por vuestra ayuda.

Usted nos dice que su hijo es un bebé muy nervioso, muy ansioso, con un estado de tensión que le impide dormir las horas normales de un niño de su edad, y al que algunas situaciones, como ir en coche o en su cochecito,  lo intranquilizan muchísimo y lo desorganizan. También nos dice que solamente es posible tranquilizarlo en brazos y que si no lo pueden tomar en brazos no deja de llorar. Evidentemente, ésta es su forma de descargar la tensión. Es lógico que, en estas situaciones, usted le tome la mano, le hable y le cante para acompañarlo, como dice que hace, pero a él, el hecho de oírla y tocarla, tenerla tan cerca y no estar en sus brazos, debe de hacérsele insoportable. Todo ello nos sugiere temores, o incluso pánico, que expresa con su estado de alerta y su necesidad de control que le impiden dormir. Creemos que es muy importante que ustedes le ofrezcan contacto corporal siempre que sea posible, hasta que el niño, cuando sea un poco mayor, se haya ido tranquilizando y pueda separarse progresivamente. Cada niño tiene sus ritmos y sus necesidades. Quizá de momento podrían salir a la calle llevándolo en un pañuelo o en una mochila para bebés, haciendo que note el contacto con el cuerpo de la madre o del padre e intentar el máximo tiempo de relación y de contacto corporal para darle seguridad. Sugeriríamos que por ahora intenten evitar en la medida de lo posible las situaciones que más inquietan al niño, para irlas recuperando paulatinamente a medida que se pueda. Se trata de que puedan ir haciendo las cosas normales, pero sin de momento forzar al niño más de lo imprescindible, con el fin de que se vaya tranquilizando y su nerviosismo y su carácter no se agraven. Queda claro que en su familia, ahora, todos lo están pasando mal y ustedes viven la angustia que representa oír al bebé llorar constantemente. En estas situaciones no es nada fácil para la madre —para los padres— tener la suficiente calma como para atenderlo convenientemente y poder ayudarlo a tranquilizarse.
Pensamos que sería conveniente que pudiesen contar con el apoyo de un profesional que les ayudara a encontrar formas de conseguir que su hijo pueda estar más tranquilo y se mantenga más organizado. Podrían consultar en el Centro de Desarrollo Infantil y Atención Precoz (CDIAP) que les corresponda según el sitio donde viven. Son servicios públicos y gratuitos. El pediatra de su hijo les podrá dar la dirección y el teléfono del mismo.

Tengo una hija de 2 años y 10 meses. Ha sido muy avanzada en todo: a los 18 meses pasó de decir unas 30 palabras a hablar de manera muy clara, con mucho vocabulario, construyendo frases largas perfectamente (en catalán), y a los 18 meses ya conocía todos los colores (no sabemos muy bien cómo). A los 2 años y pico empezó a hablar el castellano y ahora es totalmente bilingüe (en casa hablamos en catalán), también contaba hasta 10, ahora reconoce los números y hace operaciones sencillas, hace un mes ha pasado de reconocer algunas vocales y la inicial de su nombre y, en 15 días, a conocer la mayoría de las letras. Desde los 15 meses que va a la escuela con la misma maestra. Ya cuando tenía 18 meses nos dijo que era muy inteligente (para nosotros es la primera y no la comparábamos con ningún otro, ahora también lo pensamos). Y hace poco nos llamó a una tutoría y nos dijo que pensaba que tendríamos que hacer algo. Piensa que hay muchos indicios en el sentido que la niña es superdotada y que sería interesante diagnosticarla antes no empezara el parvulario. Nosotros vamos un poco perdidos, pensamos que no hay ningún problema, pero nos dicen que sería interesante hacer un diagnóstico. Querríamos una opinión seria sobre este tema y nos han remitido a su fundación. Gracias!!!

Sí que parece conveniente que lo consulten. Aunque en efecto la niña que ustedes describen parece muy inteligente, hay el riesgo que pasen desapercibidos otros factores que motivan que una criatura necesite ir muy avanzada, que necesite aprenderlo todo muy precozmente y destacar en este sentido. Quizás lo más habitual de estos factores es la ansiedad que hace que una criatura necesite ejercer mucho control sobre cualquier cosa de su alrededor de la cual se pueda sentir temerosa. Estos temores o ansiedades pueden ser totalmente inconscientes para la criatura y a los padres, y su estado de alerta ante todo lo que motiva ansiedad puede pasar por sobredotación. La niña puede necesitar conocer, anticipar, adaptarse en exceso, y en general, escrutarlo todo a su alrededor para no tener ninguna sorpresa. Mostraría así que el problema tiene que ver con vulnerabilidad y carencia de estabilidad para poder vincularse más normalmente a novedades y estímulos. Su inteligencia, en determinados niveles puede verse muy favorecida si ella es ya muy dotada, está claro; pero esto no impide que el malestar latente por debajo corra también el riesgo de manifestarse tarde o temprano, por ejemplo haciéndola desadaptada en otros ámbitos o en otras edades. El riesgo más grande, por otro lado, es que determinadas formas de desadaptación se pueden valorar como si fueran justamente esto que ustedes plantean, o sea que se pueden ver como hiperdotación de la criatura, la cual queda entonces clasificada en un grupo que no es el suyo, y que no le conviene. Incluso en el hipotético caso que una criatura sea muy, muy inteligente, lo que aconsejaríamos nosotros sería que tuviera un trato y una educación lo más posible parecido a cualquier criatura normal de su edad, evitando en lo posible esperar más que aquello que le corresponda, para permitirle una niñez que no le condicione en ningún sentido. Los errores en este ámbito se descubren a menudo demasiado tarde y no facilitan nada que la criatura pueda desarrollar una identidad muy definida, coherente y establo.

Hola, tengo un niño de 8 meses que no quiere comer con cuchara de ninguna forma. Si no se lo doy yo, todavía come un poco de cereales o fruta, pero si soy yo quien se lo da, se cierra en banda. Quizás la culpa es mía, puesto que le doy el pecho, y a él esto le encanta. Sólo comería pecho todo el día, pero la enfermera pediátrica me dice que esto no puede ser, que tiene que probar gustos y se tiene que acostumbrar a comer con cuchara. ¿Qué puedo hacer? Yo le querría dar el pecho hasta el año, pero esta situación de guerra a la hora de comer me pone nerviosa, a pesar de que intento no mostrarlo. Muchas gracias.

La situación que nos describe no es extraña, puesto que para algunos bebés pasar a comer con cuchara es un paso complicado. Cuando no la ve a usted acepta comer alguna otra cosa porque él sabe que aquella persona no ofrece posibilidades de pecho, pero si es usted quien le da la comida, sabe muy bien que le puede dar el pecho y no acepta ninguna otra cosa. Debe de enfadarse y hacer la guerra porque siente que usted, pudiéndole dar el pecho que él tanto quiere, le priva y lo frustra. Parece que usted está preocupada con la impresión que, si continúan así, no se desenganchará nunca, ni al año ni más tarde, y que, además, irá mal nutrido según indica la enfermera. Pensamos que no pasará nada de esto, puesto que usted es una persona sensible que se puede salir muy bien.
Hay bebés que sufren mucho a la hora de ir dejando el pecho y sustituirlo por otros alimentos, como si sintieran que van a perder la madre, que lo perderán todo. Muchas veces entre el miedo del niño y la preocupación de la madre se hace un círculo vicioso con mucho sufrimiento. Por eso es tan importante que pueda ser la madre misma quien mayoritariamente dé los alimentos complementarios y quienes introduzca la cucharilla en la boca del niño, en lugar que la madre dé solamente el pecho y alguien otro se ocupe de la papilla. Así el niño ve que no la pierde a ella, sino que es compatible comer cosas nuevas y seguir teniendo la madre y, de momento, incluso el pecho. Pero la introducción de otras comidas no tiene que ser rápida, vale más que sea gradual.  Usted podría por ejemplo darle una cucharadita de papilla antes del pecho, de momento una vez al día, para que lo vaya probando y se vaya acostumbrando al sabor, a la consistencia y a la cucharilla!! Vale más empezar por la papilla que a él le guste más o le moleste menos. El niño hará las muecas habituales ante el gusto desconocido. Después de una o dos cucharaditas le da el pecho. A medida que el niño haga menos muecas y rechace menos el alimento nuevo, usted puede ir dándole más cantidad, hasta que lo acepte bien y ya pueda darle la cantidad entera, la cantidad que él quiera. Aumentándole poco a poco y progresivamente la diversa papilla, estaría muy bien que usted pudiera también llegar a darle el pecho hasta el año, como se había propuesto: esto sería muy bueno para su hijo, tanto en el aspecto de nutrición como en cuanto a la relación con usted. Quizás tendrá que aguantar enojos y rechazos del niño, pero con paciencia y calma lo irá consiguiendo.
Crecer, hacerse mayor, siempre implica tener que aceptar situaciones nuevas que al principio pueden costar. Para la evolución global del niño es mejor ir despacio con los cambios, al ritmo que el bebé los pueda ir aceptando. En este caso, vale más que pueda comer a gusto que no forzarlo y que la hora de las comidas se convierta en una situación tensa y desagradable para los dos, puesto que la hora de comer es, además del momento de alimentarse, también un momento de relación y de intercambio con los otros.
Si lo necesita, vuélvanos a escribir.

Tengo un bebé de 8 meses que se niega a comer nada que no sea el pecho y la fruta. Le he ofrecido en varias ocasiones que pruebe los cereales sin gluten, pero cuando le doy la primera cucharada (porque el biberón, ni probarlo) le da náuseas y no quiere comer más. Yo no lo fuerzo. He probado diferentes marcas, más espeso, más líquido, con leche materna, con leche de fórmula, y nada. Como no le gustaba, empezamos a probar con la verdura y esto todavía le gusta menos. Es que le dan arcadas. Voy probando, lo dejo descansar un par de días y luego lo intento de nuevo y no hay forma. Llevamos algo más de un mes así y no hemos prosperado nada. Bueno, algo sí, probamos con la fruta y, ¡sorpresa!, se la come desde el primer día. Puedo intentarlo las veces que sea necesario y esperar el tiempo que él necesite, pero mi miedo es si está bien alimentado con fruta y leche materna porque mi pediatra dice que le insista, pero yo creo que forzar al niño no me va a dar la solución. También he leído que el principal problema de la leche materna a partir de los 6 meses es que no aporta el hierro suficiente, por lo que se empiezan a incluir otros alimentos. ¿Me podríais aclarar un poco el asunto y explicarme si hay algún truquito para que mi bebé se decida a comer verdura con pollo y cereales?

a situación que usted nos refiere es bastante usual. No es extraño que a los bebés les cueste aceptar los cambios en la alimentación, ya que se encuentran de golpe con sabores desconocidos y con una forma de comer distinta de la habitual: la cuchara. De todos modos, en un mes su hijo ha hecho buenos progresos ya que ¡acepta la fruta!
Es cierto que es necesario que progresivamente tomen una dieta más variada, con nuevos nutrientes, pero su hijo ya ha empezado, y de esto es de lo que se trata.
El hecho de que usted pueda darle tiempo, no lo fuerce, y le permita irse familiarizando progresivamente con los nuevos sabores, consistencias, etc., permitirá que él pueda realizar el proceso de diversificar los alimentos que toma sin sentirse presionado y, por lo tanto, con menor ansiedad y malestar. Se trata de que tenga una alimentación correcta, pero también una situación emocional tranquila. El momento de comer es también un buen momento de relación y de juego, que puede ser muy agradable, preparando un buen futuro en esta área.
Para que su hijo pueda irse acostumbrando, vale la pena que cada día le ofrezca la papilla de cereales antes de una toma de pecho. Prepare muy poquita y déle solamente una cucharadita de las de café. Ante el sabor que no conoce o no le gusta, seguramente hará las muecas que ya sabemos. Después, que mame tranquilamente. Poco a poco se irá acostumbrando al sabor y usted verá que podrá aumentar la cantidad de papilla y reducir la toma de pecho. Cada bebé necesita un tiempo distinto, y como decíamos más arriba, es mejor dárselo. Cuando ya tome bien las papillas de cereales, será el momento de comenzar con las papillas de verduras. Suele ser buena idea comenzar con las hortalizas dulces (zanahoria, calabacín, patata y algunos guisantes); también se pueden hacer pruebas para ver qué le gusta más. Para que a usted no le sea tan complicado, puede preparar una cantidad y congelar pequeñas dosis. De esta forma podrá repetir lo de irlo acostumbrando poco a poco, comenzando por una cucharadita e ir ampliando según a él le vaya resultando atractivo.
De todos modos, si necesita cualquier otra orientación no dude en volver a escribirnos.

¿Puede decirnos si le ha parecido útil nuestra respuesta?

Muchas gracias por contestar a mi correo, es estupendo poder tener otro punto de apoyo aparte del pediatra. En ocasiones las madres, principalmente las primerizas como yo, nos angustiamos muy pronto cuando nuestro bebé hace algo diferente a lo que los pediatras consideran normal. De todas formas, hoy estoy muy contenta, porque mi hijo ayer por primera vez se comió los cereales. Toda la papilla. Ha pasado de comerse una cucharadita a una cantidad muy similar a la que come de fruta. Lo cierto es que es un cielo y cada día me enseña más.
Su respuesta me ha parecido muy útil.
Muchas gracias.

Niños de 5 a 12 años

Cómo se puede limitar el consumo de televisión a los niños?

La televisión y el vídeo pueden ser herramientas de distracción e incluso de aprendizaje, pero demasiado a menudo tanto los niños como los adultos hacen un consumo desmesurado y empobrecedor, que los hace perder tiempo que podrían dedicar a tareas más creativas y enriquecedoras. Hay que hablar con los niños y enseñarlos desde muy pequeños a elegir qué programa (o qué película) verán; en los otros momentos, vale más dejar el televisor apagado y ofrecerles alternativas que les interesen y gusten bastante. En general, si nos ofrecemos a jugar, mirar cuentos, pintar, ir a paseo, etc., con ellos, los niños renuncian de buen grado a la televisión. Despacio van haciendo suya la cultura de ver sólo aquello que más los interesa y dedican el resto del tiempo a jugar y a otras tareas más activas.

Cuando nuestro hijo se porta mal, ¿cómo dar con el castigo justo?

Cuando un niño “se porta mal” es que algo le pasa. El niño que “se porta mal” es un niño que se siente mal, que sufre y no sabe expresarlo, o mejor dicho, que lo expresa de esa forma. No sabe salir solo adelante. Puede estar tenso, enfadado, asustado… pero siempre necesita ayuda. Ningún niño crea problemas —ni los padece— si puede evitarlo. Por ello, no hay castigo justo. El castigo es siempre injusto, impuesto desde los que tienen la fuerza y el poder: los adultos. Es mejor tratar de captar qué le pasa al niño para poder ayudarlo, apoyarlo, estar a su lado. Es mejor estar disponible para escucharlo, darle tiempo. Cuando un niño “se porta mal” es cuando más necesita ayuda y comprensión por parte de sus adultos.

¿Cuándo hay que castigar a un niño que se porta mal?

Diríamos que nunca, que no se trata de castigar, sino de ayudar al niño. En realidad, los adultos castigamos desde la irritación, el enfado, la frustración, la impotencia, no desde nuestro cariño hacia el niño. Aunque lo justifiquemos con racionalizaciones y digamos que “lo hacemos por él”, el castigo es siempre una especie de venganza de los adultos, que deteriora su relación con el niño, ya que le despierta sentimientos de impotencia, injusticia y resentimiento. Además, el niño al que se castiga tiende a desarrollar una idea negativa de sí mismo, se siente malo, y esto disminuye su autoestima y no ayuda a su crecimiento. Es necesario buscar sistemas para ayudar al niño a salir de este tipo de conducta y de relación. Da mucho mejor resultado la tolerancia, la paciencia, el apoyo, la disponibilidad, y tener confianza en lo positivo del niño.

Nuestro hijo va mal en la escuela. La maestra dice que “es listo y no le va mejor porque no quiere”. Lo hemos probado todo: castigos, premios, privarlo de las cosas que le gustan, prometerle cosas que desea. ¿Qué más podemos hacer?

Si va mal en los estudios es que necesita ayuda por parte de los adultos: padres, quizá maestros… Si un niño puede ir bien, lo hace sin necesidad de premios; si va mal es que por su cuenta no puede hacerlo mejor. Los castigos empeoran la situación, desmoralizan al niño, disminuyen su autoestima, pueden llegar a hundirlo. Muchas veces, en el fondo de un chico que no va bien en los estudios hay un chico deprimido, desmoralizado, que ya ha tirado la toalla, que se cree tonto o que no podrá salir adelante. Privarlo de las cosas que precisamente le gustan es aumentar su desmotivación. A menudo, las cosas que le gustan son actividades en las que tiene éxito, se siente capaz —y por tanto son imprescindibles para mantener cierta confianza en sí mismo— o en las que busca refugio. Es esencial llegar a saber qué le sucede, y cómo ayudarlo. A veces se requiere la ayuda de un psicólogo.

¿Cómo hay que tratar los celos?

El niño celoso es un niño que sufre. Algún acontecimiento —habitualmente pensamos en el nacimiento de un hermano, pero por supuesto hay muchísimos otros— ha hecho que se sienta desplazado, no querido, y eso lo hace sentir también poco válido, poco satisfactorio para los demás, generalmente los padres. A menudo se habla de los celos de un niño recriminándoselos, “afeándole” su reacción celosa, como si no se pudiera tenerlos. En cambio, es importante recordar que los celos son un sentimiento universal, que todos conocemos por experiencia porque al menos en alguna ocasión los hemos sufrido. Por eso, al niño celoso hay que reconfortarlo, estar a su lado, darle seguridades. De esta manera podrá ir tolerando mejor la situación que le ha generado los celos e irá superándola.

Al niño miedoso, que sufre temores ¿hay que hacer que se acostumbre a aquellas cosas que le dan miedo?

A los miedos irracionales que no se corresponden con un peligro en el entorno del niño los llamamos fobias. Es cuando un niño —o un adulto—, a pesar de darse cuenta de que su miedo es injustificado, no puede evitarlo y no puede acercarse a según qué situaciones: la oscuridad, un perro… Las fobias son un sufrimiento, una ansiedad, que corresponde a imágenes y expectativas negativas en la mente de la persona. A veces se tiene la idea de que al niño que tiene una fobia hay que acostumbrarlo, curtirlo, a base de ponerlo en contacto con aquello que le da miedo. Si tiene miedo a la oscuridad, por ejemplo, pues que duerma a oscuras o tenga que moverse por la casa sin encender las luces. Este procedimiento, además de hacer sufrir mucho al niño, puede determinar que cada vez esté más inseguro y asustado, más frágil. Para ayudarlo a superarlas, a modificarlas, hay que, como siempre que se trata de ansiedad, darle tiempo, apoyo, seguridad. Si forzándolo mucho, ridiculizando su miedo como a veces se hace, el niño llega a “hacer de tripas corazón” la apariencia habrá cambiado, pero en su interior la fobia quedará encapsulada, disociada, constituyendo un punto frágil en su personalidad que puede derrumbarse ante situaciones difíciles. Superar una fobia requiere tiempo, pero es mejor tomarse ese tiempo que cambiar sólo la apariencia. Según la importancia del problema se necesitará ayuda de psicólogo.

Nos han dicho que a nuestro hijo no le debemos pegar ni castigar. ¿Qué debemos hacer entonces? ¿Dejarle hacer todo?

¡Ni mucho menos! Dejarle hacer todo sería abandonarlo a sí mismo. Por el contrario, hay que ayudarlo a diferenciar lo que puede hacer y lo que no, a comprender las consecuencias de sus actos; hay que indicarle claramente, aunque con flexibilidad, que depende de las circunstancias, hasta dónde puede llegar y de dónde no puede pasar. Lo que sucede es que esto, como toda tarea educativa, requiere siempre la paciencia necesaria y una suficiente “prestación personal”, o sea dedicar tiempo, conversar con el niño, y también lo que llamamos “predicar con el ejemplo”. A veces los adultos estamos muy atareados o tensos y queremos resultados en el acto, métodos expeditivos que a menudo deterioran la relación con el hijo y las posibilidades realmente educativas.

¿Dónde podríamos consultar por las dificultades de conducta de nuestro hijo de 11 años? ¿Podríamos hacerlo en su Fundación?

Cataluña tiene una red de Centros de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ). Por lo tanto, podrían consultarlo al CSMIJ de la zona donde viven. Su pediatra y/o médico de familia les indicará su ubicación exacta. Probablemente también sabrán orientarles en la escuela donde asiste. Obviamente, pueden consultar cualquiera de los centros de salud mental infantojuvenil que atienen de manera privada. Entre ellos hay —efectivamente— nuestra Fundación, donde los atenderemos con mucho gusto si deciden venir. Encontrarán nuestra dirección y nuestro teléfono para pedir hora en la misma página WEB.

Soy una madre de un niño de 7 años. La maestra nos dijo que existía algún problema con él y nos animó a que consultáramos con un profesional sobre su actitud y comportamiento. Éste no informó de que nuestro hijo podría sufrir el trastorno del TDAH. Puesto que teníamos dudas de que posiblemente se le haya etiquetado muy rápidamente, solicitamos mas información a un neurólogo, pero lo que hizo fue recetarle Rubifen sin valorar siquiera si el diagnóstico era o no acertado. Mi duda radica en que tras informarme un poco de este trastorno, he leído que en muchas ocasiones se interpreta de muchas maneras e incluso se diagnostica erróneamente, puesto que es el disfraz de otros problemas más ocultos. Creo que lo que realmente necesito es una visión más amplia y certera de que mi hijo tiene con seguridad este trastorno y, si es así, si existen alternativas fiables y efectivas a la medicación.

Tiene usted razón al pensar que es necesario un diagnóstico a fondo, que considere no sólo los síntomas, lo visible, del niño, sino también lo que hay detrás, lo que el niño está viviendo y le está inquietando. Debemos recordar, además, que la medicación puede tener efectos secundarios y esto hace aún más necesario un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado.
Lo aconsejable es llevarlo a un Centro de Salud Mental donde estudien bien el problema y les propongan una pauta de tratamiento amplia, que tenga en cuenta los distintos aspectos.
Si usted lo desea, puede acudir al Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) que le corresponde por distrito. Su pediatra o la escuela del niño sabrán darle la dirección y el teléfono correspondientes. También puede, por supuesto, consultar a un centro privado. Si decide venir al nuestro, encontrará el teléfono para pedir hora en nuestra WEB.

Tenemos dos hijos de 7 y 9 años. El pequeño, aparentemente, es un niño “normal”. Es sociable, va bien en la escuela y habitualmente está contento. Le gusta mucho dibujar y el problema es que, a veces, cuando lo hace, traza figuras monstruosas; por ejemplo, ayer hizo un dibujo con un niño que estaba escribiendo y por detrás le salía un monstruo, y otro en que había un niño durmiendo y otro monstruo que salía de bajo de la cama. Dibuja monstruos que salen de tierra, brazos cortados, cerebros... Los monstruos son realmente escalofriantes (dibuja muy bien) y es un tema recurrente. Algunas noches tiene pesadillas, y a veces nos dice que cuando cierra los ojos ve monstruos y no se los puede sacar de la cabeza. Nos preguntamos si esto es normal. ¿Nos recomendáis que lo vea un especialista? ¿Nos podéis aconsejar sobre cuál tiene que ser nuestra actitud ante esto? Pensamos que quizás le han podido influir imágenes que ha visto en algunas películas o en Internet.

Tenéis razón de plantearos la consulta a un especialista, puesto que los dibujos que hacen los niños, como sus juegos y su imaginación en general, son expresiones de lo que tienen en la mente, es decir, de su vida interior y, por lo tanto, expresan sus vivencias, ansiedades y bienestar. Además, a pesar de que el niño, por el que decís, va bien en conjunto y tiene muchas buenas calidades —sociabilidad, buen rendimiento escolar, habilidad para el dibujo, etc.—, también es cierto que expresa ansiedad a través de las pesadillas y de las imágenes de monstruos que pueblan su mente y que lo invaden sin que él lo pueda controlar. Este es un sufrimiento latente, que no se manifiesta abiertamente más que por las pesadillas, pero que está allí y que es un signo de riesgo.
La consulta con el especialista tendría que servir para conocer todo esto mejor y poder diferenciar la importancia o no de estas manifestaciones. Consultar no quiere decir tener que hacer forzosamente algo más, pero poder hablarlo, recibir unas orientaciones y quizás un seguimiento, sí que serían medidas preventivas válidas y higienizantes, que saldrían al paso de cualquier situación de riesgo que requiriera ser atendida.
En Cataluña existe una red pública de Centros de Salud Mental Infanto-Juvenil (CSMIJ). A buen seguro la escuela o el pediatra de vuestros hijos os sabrán dar la dirección del que os corresponde. Podéis, obviamente, también consultar el centro privado que decidís.
Si deseáis algo más, no dudáis a escribirnos.

Mi hijo está diagnosticado de TDAH. Hace un año que toma Concierta y acude al psicólogo regularmente. Está bastante tranquilo y dialogante. Querría saber si existe otro tratamiento más suave o si sería peligroso probar de dejar la medicación. Gracias.

Por lo que dice, parece que su hijo ha sido atendido por un especialista y que el programa terapéutico está yendo bien. Seria indicado que este profesional haga también el seguimiento, lo cual incluye modificar la medicación o llegar a suprimirla cuando sea correcto hacerlo. Aun así, es mejor replantearse periódicamente si el plan terapéutico sigue siendo el aconsejable y si la medicación se tiene que continuar tomando. Tenemos que recordar que el fármaco tiene algunos efectos secundarios. Por lo tanto, podría pedir hora de revisión al psiquiatra que ha prescrito tanto el tratamiento farmacológico como el psicológico para hacer una actualización de la situación del niño.

Soy madre de un niño de 7 años al que hace unos meses, tras hablar con su maestra y comentarnos que existía algún problema con él, nos animó a que consultáramos con un profesional sobre su actitud y comportamiento. Tras la visita, se nos informó de que nuestro hijo podría sufrir el trastorno del TDAH. Puesto que teníamos dudas de que posiblemente se le haya etiquetado muy rápidamente, solicitamos más información a un neurólogo, pero lo que hizo fue recetarme Concerta tras 10 minutos de consulta, sin valorar siquiera si el diagnóstico era o no acertado. Procedí a informarme sobre este trastorno y vi que en muchas ocasiones se interpreta de muchas maneras y hasta se diagnostica erróneamente, ya que puede ser el disfraz de otros problemas más ocultos. Creo que lo que necesito es una visión más amplia y certera sobre lo que mi hijo realmente tiene, si verdaderamente tiene este trastorno y si existen alternativas fiables y efectivas a la medicación.

Tiene usted razón al pensar que es necesario un diagnóstico a fondo, que considere no sólo los síntomas, lo visible, del niño, sino también lo que hay detrás, el conjunto de sus características, lo que el niño está viviendo, sus sensibilidades; todo lo que pueda ser causa del trastorno. Lo aconsejable es llevarlo a un Centro de Salud Mental donde estudien bien el problema y les propongan una pauta de tratamiento amplia, que tenga en cuenta los distintos aspectos de su personalidad y de su evolución.
Si lo desea, puede acudir al Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) que le corresponde por distrito. Su pediatra o la escuela del niño sabrán darle la dirección y el teléfono correspondientes. También puede, por supuesto, consultar en el centro privado que usted elija.
Si desea consultar algo más, no dude en escribirnos.

Tengo una hija de 5 años que cada vez que le pedimos que se lleve el plato que ha utilizado a la cocina o que ayude en algo de los trabajos de la casa hace una pataleta. ¿Qué tenemos que hacer, evitar hacerle hacer cosas? Y cuando coge una pataleta, ¿cómo la tenemos que calmar?

Por lo que usted nos explica, su hija tiene dificultades para aceptar estas tareas que le proponen como manera de colaborar en las obligaciones domésticas.
Reacciona con mucha rabia a la frustración que le supone tener que cumplir determinadas obligaciones, que probablemente no entiende y seguro que no le vienen nada de gusto. Tienen razón cuando se plantean que la educación tiene que ir hacia aquí: que los hijos colaboren en las tareas caseras y que las cosas se hagan entre todos. No hacer nada del trabajo de casa significa quedarse en una posición regresiva de no aprender y de usarse, nada útil en el futuro de los jóvenes.
Ahora bien, en cuanto a su hija hay que tener en cuenta la edad: es pequeña y las cosas nuevas se van asumido progresivamente: hay que darle tiempo, pedirle una colaboración progresiva, que de momento puede ser incluso intermitente, en el sentido de que lo haga algunos días, pero otros, en que le cueste más, de momento todavía no lo haga. También hay que tener en cuenta la manera como le proponemos o pedimos a la niña esta colaboración. Quizás la niña lo siente como una imposición y no como un “hacer las cosas entre todos”, “poner su grano de arena”, “hacer como los padres”. Quizás lo siente como una obligación que no siempre puede asumir y en algunos momentos puede sentir que la ultrapasa.
Sería bueno que esta enseñanza fuera progresiva, gradual y sin forzar, más basado a motivar a la niña e ilusionarla que no obligarla o forzarla.
En cuanto a su reacción, habría que poder tranquilizarla y ayudarla a través de la tolerancia de ustedes a la situación. La pataleta es, de hecho, la expresión de la carencia de recursos para elaborar y aceptar la frustración que siento en aquel momento. Si ustedes le ofrecen un modelo diferente, mostrándole cómo son capaces de aguantar la ansiedad y la rabia de ella, estarán mostrando a la niña una firmeza y una manera de hacer que ella podrá ir interiorizando progresivamente.
Si desean alguna aclaración, no duden a escribirnos.

Me gustaría saber qué aspectos son importantes a trabajar con un niño de 9 años con lateralidad cruzada (ojo izquierdo / mano derecha), sin problemas de lectoescritura pero con dificultades de atención, de rendimiento escolar y de estructuración espacial. Gracias.

Si bien tenemos todas las ganas de aportar algo para ayudarles, nos encontramos que necesitaríamos mucha más información para poderlo hacer. Cosas como el carácter del chico, la manera de ser, las afecciones, los amigos, sus capacidades intelectuales y tantos otros factores relacionados con el aprendizaje y las capacidades sociales influyen en la manera como se reacciona a cualquier dificultad.
Deseamos añadir que multitud de trabajos serios demuestran que tener la “lateralidad cruzada” no tiene que dar necesariamente problemas; de hecho, es común en mucha parte de la población, y no le representa ninguna dificultad.
Por eso, creemos que tendrían que hacer una consulta a un servicio de psiquiatría y psicología de niños y adolescentes. Con todos los datos que los haya que recoger, ellos podrán decir cuál es la manera más adecuada de ayudar su hijo.
En Cataluña hay una red de Centros de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) desplegada a todo el territorio. Tendrían que preguntar en la escuela del niño o al pediatra qué los corresponde a ustedes según su dirección. Allá los sabrán orientar sobre el que nos preguntan. Evidentemente, también pueden consultar privadamente.
Cualquier otra cosa que deseen, no duden a volvernos a escribir.

Buenas tardes, tengo un niño de 7 años y me gustaría que me informaran sobre la lateralidad cruzada y sus posibles tratamientos y soluciones. Gracias.

Se suele denominar lateralidad cruzada al hecho que el niño tienda a usar preferentemente, por ejemplo, la mano izquierda y el ojo y la pierna derechos, o la mano y el ojo derechos y la pierna izquierda, o cualquier otra combinación. Hay autores que afirman que esto produce dificultades en la organización del espacio de las personas que lo presentan y, en consecuencia, en el aprendizaje, especialmente en el área del lenguaje. Esta manera de pensar estaba de moda sobre todo hace unos 25 o 30 años. De todas maneras, hay profesionales que lo han continuado sosteniendo. Por otro lado, hay estudios serios que lo rebaten y, de hecho, sabemos que buena parte de la población tiene lateralidad cruzada y esto no le presenta ningún problema. Incluso más, hay personas con lateralidad cruzada que son brillantes para los idiomas. Así que, a nuestro entender, no se puede hablar de tratamiento de la lateralidad cruzada. Si el niño de 7 años que usted nos presenta tiene algún problema, tendría que hacer una consulta a un centro especializado para aclarar qué le pasa. Si necesita algo más, no dude a volvernos a escribir.

Buenas tardes. El mes de febrero hará un año que murió mi padre. Fue una muerte repentina puesto que tuvo un ataque de corazón. Tengo dos hijos, de 7 y 4 años. Ahora hace cosa de tres semanas el niño de 7 años ha empezado a hablar del abuelo. A menudo se echa a llorar recordándolo y dice que lo encuentra mucho a faltar. Esto se repetía a la hora de ir a dormir pero ahora ya hace 4 o 5 días que también le pasa durante el día. Supongo que está manifestando el luto, cosa que no hizo en el momento de la muerte. Por su parte, la niña también hace una semana (quizás a raíz de la conducta de su hermano) que tiene problemas para dormir, hasta el punto que llega a no coger el sueño en toda la noche. Ella no habla directamente del abuelo, pero creo que también puede ser debido a esto mismo. Además, ha adquirido una conducta muy agresiva, llegando a morder. Me podéis orientar para superar esta situación y recomendarme bibliografía que hable sobre el luto infantil? Muchísimas gracias.

Lo que usted describe hace realmente pensar que, cerca del aniversario de la muerte del abuelo, el niño está reviviendo el luto por su pérdida. Además, está en una edad —los 5-7 años— en que los niños preguntan y se preocupan por la muerte y necesitan hacer su elaboración. Seguramente se añaden otros elementos, que podrían tener que ver con el que se esté viviendo en la familia, con la manera cómo han elaborado el luto los adultos o con algo que el niño está viviendo, que quizás será difícil de encontrar, que intensifica su situación emocional.
Lo mejor sería que hicieran una consulta a un psicólogo que pudiera conocer el niño y ver hasta qué punto se trata de un luto normal, que evoluciona y va hacia resolverse, o si se trata de un luto complicado que puede involucrar otras áreas y que podría dejar consecuencias. En este caso, el niño quizás necesitaría alguna ayuda específica. Podrían hacer la consulta en el Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) que les corresponda según su domicilio. El pediatra del niño o la escuela los podrán indicar cuál es. Naturalmente, también pueden hacer una consulta privada.

Hace unos días, mi hija de 8 años empezó a llorar porque no quería ir a la escuela. Esta es una conducta extraña en ella puesto que nunca había tenido ningún problema, al contrario, le encanta ir a la escuela. Tiene muchos amigos y saca buenas notas. Los profesores están sorprendidos y yo todavía más. He hablado largos ratos con ella y me dice que no le gusta y que no quiere ir (le he insistido si había ningún problema con algún niño, niña o profesor, si le habían amenazado o si tenía nada a decirme, pero ella me asegura que no.) Sólo me sabe decir que tiene un sentimiento de pena que no puede evitar y llora mucho. Dice que no sabe muy bien qué le pasa. Los profesores me han dicho que el resto del día lo pasa bien y en casa también se comporta como siempre. Incluso he hablado con sus amigas y me dicen que está bien, a pesar de que hay ratos que está triste y llora. Cuando sale de la escuela nos explica qué ha hecho y hace los deberes como siempre. Incluso invita amigos a jugar en casa. Pero cuando llega la hora de ir a dormir vuelve a llorar y a decir el mismo: “No quiero ir a la escuela”. Otro cambio ha sido que quiere dejar de hacer patinaje (deporte que practica desde hace 2-3 años y del cual estaba enamorada). Dice que se ha cansado (cuando hace dos semanas le encantaba) Mi marido y yo ya no sabemos que más decir ni hacer... Estamos desesperados porque no encontramos un motivo que explique este cambio de comportamiento tan extraño. Conocemos a nuestra hija o pensábamos que la conocíamos y ahora estamos desconcertados. Es una persona alegre y con ganas de hacer cosas y jugar, y ahora este cambio...

Lo que usted explica hace pensar que su hija está atravesando, por la razón que sea, o desencadenado por el motivo que sea —que lo más seguro es que ella realmente no sepa— un periodo de decaimiento, con elementos depresivos de fondo. La ayuda de ustedes, que estén a su lado, que la escuchen y que a ella le quede clara su presencia incondicional, es enormemente importante. Lo importante es que ustedes sigan con ella aunque la niña no les sepa explicar qué le pasa. Pero parece que ahora, además, necesitaría ayuda especializada, o sea, la consulta a un psicólogo que entienda el funcionamiento emocional y funcionamiento humano en general, que haga una exploración completa y que pueda aconsejarles sobre qué hay que hacer. Pensamos que vale más hacer esta consulta antes no se establezcan círculos viciosos que empeoren la situación y hagan más difícil modificarla y encarrilarla. Usted describe una niña guapa, con un montón de recursos, que si recibe la ayuda adecuada se saldrá bien y saldrá adelante tan bien o mejor del que lo hacía.
Pueden hacer la consulta en el Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) que les corresponda por zona. La escuela o el pediatra de la niña les podrá dar la dirección y el teléfono. Naturalmente, también pueden hacer la consulta en un centro privado.

Tengo dos niños de 6 y 9 años. El pequeño se distrae constantemente en clase, no escucha, vive en otro mundo, está ausente... En, cambio las notas son buenas, la maestra dice que por la poca atención que presta, muy buenas, pero es incapaz de escuchar cuando explican algo para todo el mundo. Actualmente hace 1r de Primaria y hace tiempo que arrastramos el problema. Él es consciente y no sabe como solucionarlo, con la maestra le estamos muy encima y últimamente lo hemos presionado mucho y estos días ha salido de la escuela llorando. Yo no sé como hacerlo, y la maestra, tampoco. Todos estamos de acuerdo que no es un problema de rebeldía... Es un buen chico, demasiado a veces. La situación la vive con dolor porque sabe lo que pasa y no sabe cómo resolverlo. A mí me hace mucha lástima verlo así y no sé como lo puedo ayudar. La maestra, tampoco. ¿Podéis ayudarnos?

Por lo que nos dice, puede tratarse de un niño inteligente pero con algún problema de maduración de algunos aspectos o facetas, que den como resultado este síntoma: la dificultad de mantener la atención suficiente rato. Si así fuera, se entiende muy bien que el niño lo sufra y no pueda hacer nada por su cuenta, es decir, que necesite ayuda para madurar estas funciones. Usted dice que el niño se da cuenta y lo sufre, lo describe consciente del problema y deseando arreglarlo aunque no sabe cómo. Todo lo que sea presionarlo, regañarlo o castigarlo es contraproducente, puesto que aumenta el malestar, la preocupación, la ansiedad y el sufrimiento del niño y empeora la situación, haciendo que todavía sea menos capaz de concentrarse. Se trata de hacer una consulta a un psicólogo que, después de que ustedes le expliquen a fondo la situación y los antecedentes que hagan falta, explore el niño y una vez tenga claro cuál es el problema pueda orientarles sobre qué hay que hacer para mejorar la situación. El hecho que él se dé cuenta y sufra es ya un paso porque quiera ser ayudado y pone de su parte.
La consulta la pueden hacer en el Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) que les toca por distrito. Son centros de asistencia pública y gratuita. Puede preguntar el lugar y el teléfono al pediatra del niño o a la escuela. Naturalmente, también pueden hacer una consulta privada.

Tengo un niño de 7 años, adoptado hace cuatro y hasta hace dos semanas su comportamiento era el de un niño positivo, alegre, todo le parecía bien tanto en casa como en el colegio, pero a la vuelta de las vacaciones de Navidad, el primer día de colegio me llamaron porque no paraba de llorar. Fui a buscarlo, indagué en las causas y no me supo decir qué era lo que le había pasado; este hecho se viene repitiendo con bastante frecuencia y ahora comienza a llorar en el momento de salir de casa y dice que no sabe cuál es la causa. Por favor, me gustaría que nos orientasen, ya que estamos perplejos ante esta situación. A veces pienso que lo tengo muy mimado y que es a causa de esto, pero creo que quiere llamarnos la atención sobre algo. Muchísimas gracias.

Por la manera en que usted nos plantea la situación, parece que se ha dado un cambio drástico y repentino en el estado de ánimo de su hijo, coincidiendo con un período vacacional en el que probablemente ha podido disfrutar más de su familia, su hogar, etc. Probablemente ni él mismo sepa las causas de su malestar, y eso hace que la situación le resulte, si cabe, más angustiosa.
Usted valora que posiblemente el niño les está llamando la atención sobre algo, y es por eso que vale la pena acompañarlo en su desazón, ayudándole a darle sentido a las cosas que está sintiendo y mostrándole que ustedes están allí, comprendiéndole, escuchándolo y ofreciéndole apoyo en ésta y cualquier otra situación que se pueda presentar. Eso puede calmar a su hijo y mostrarle un buen modelo para poder enfrentarse a la angustia que le produce “volver” a separarse de los suyos tras un tiempo tan gratificante como parece haber sido el descanso de Navidad.
De todos modos, si la situación persiste, sería recomendable una consulta a un psicólogo que pudiese valorar, a través de una exploración amplia, qué le está sucediendo a su hijo.
Dicha consulta la pueden realizar en el Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) que les corresponda por distrito, o bien optar, si lo prefieren, por una consulta privada.

Tengo un hijo de 6 años recién cumplidos. En el colegio me decían continuamente que tenía un déficit de atención. Lo llevé a Psiquiatría y valoraron que quizá tenía un déficit, pero que no era grave. Es un niño “movido”, pero estoy acostumbrada a que sea así y para mí no es siempre un inconveniente. Pero la falta de atención sí puede serlo, ya que puede disminuir su nivel de aprendizaje. Le han recetado Rubifen 5mg (dos pastillas por la mañana y una antes de comer). Parece que atiende un poco más pero se queja de que le duele la cabeza y tengo la sensación de que lo estamos “drogando”. Nos hace sentir muy mal porqué además probé la medicación para saber que “sentía” él y tuve que sentarme en un banco porque empecé a marearme. Nos han dicho que no hay nada más para la falta de atención. Tampoco sé si realmente necesita esta medicación, ya que en Psiquiatría no dieron tanta importancia al problema. En cambio, el colegio me bombardea continuamente. ¿Alguien me podría ayudar? Me siento fatal y tampoco sé que alternativas tengo. Muchas gracias.

Si en el colegio le dicen que al niño le pasa algo que le dificulta atender y aprender y usted lo nota “movido”, hemos de recomendar que consulte a un psicólogo que haga un estudio psicológico a fondo del niño, con tests y todo lo que sea necesario para orientarse bien sobre qué le sucede, ya que los datos que usted tiene hasta ahora no son suficientes. El hecho de ser movido (inquieto) y que le cueste atender puede deberse a factores muy diversos y cada uno de ellos necesita una forma específica de tratarlo psicológicamente. Lo primero y básico es saber bien y ampliamente en qué consiste el problema del niño y, por tanto, qué es lo que hay que hacer. Usted tiene razón en tener sus dudas acerca de la medicación, ya que es necesario cerciorarse bien de qué sucede, si realmente se necesita medicación y cuál es la indicada. A menudo sucede que una medicación por sí sola no es suficiente para mejorar problemas como el que usted nos explica. Incluso es posible que el niño necesite la ayuda de un tratamiento psicológico.
La consulta pueden hacerla en el Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) que les corresponde por distrito. La misma escuela o el pediatra pueden decirles dónde está y darles el teléfono para pedir hora. Por supuesto, también pueden dirigirse a una consulta privada.
Para cualquier otra cosa que deseen consultarnos, no duden en volver a escribir.

Hola, tengo un niño que cumplirá 8 años este mes; a los 5 años empezamos a ver que tenía dificultades para escribir y, más tarde, dificultades para leer. En el colegio estaban de acuerdo conmigo pero me decían que aún era muy pequeño y teníamos que esperar unos años a ver si el problema era de inmadurez y se resolvía con el tiempo. Le explico un poco los síntomas: escribía las letras y los números a la inversa, a veces una letra, otras la palabra entera, otras escribía de derecha a izquierda, cuando leía le pasaba lo mismo: en lugar de leer “la” decía “al”, cambiaba sílabas, juntaba las palabras de una frase o las separaba por cualquier sitio, tanto si escribía como si leía, todo esto a un ritmo muy lento sin entender nada de lo que leía. A los 6 años lo llevé al optometrista para descartar una lateralidad cruzada, me dijeron que era diestro pero que tenía la izquierda muy presente, estuvo haciendo unos ejercicios hasta que nos dijeron que había mejorado; cuando empezó 2.º de Primaria lo empecé a llevar a una pedagoga un día a la semana: todavía acude y cada día lee un poco en casa, ha mejorado bastante pero tiene el nivel de lectura de un niño de P-5. Le cuesta mucho y se frustra. El psicólogo del colegio dice que tiene síntomas disléxicos, pero él trata a los niños a partir de 3.º. Yo estoy muy preocupada y veo que necesita más ayuda. Mi pregunta es si ustedes pueden hacer una valoración a mi hijo, para saber si es dislexia o no, si lo pueden tratar o si me pueden sugerir algún psicopedagogo cerca de mi domicilio que pueda tratarlo. Muchas gracias, espero su respuesta. Atentamente.

Tiene usted razón en querer realizar esta consulta sin perder tiempo. Sí, señora, nosotros podemos hacer un estudio a fondo del problema de su hijo para llegar a un diagnóstico y a una orientación sobre lo que es necesario hacer. En nuestra web encontrará el teléfono para pedir hora. En principio también podemos ocuparnos del tratamiento o de indicar un profesional adecuado para realizarlo, pero esto se debería hablar una vez realizada la exploración, cuando se tenga claro qué debe hacerse.
También pueden ustedes consultar en el Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) que les corresponda por distrito. Estos centros son sectorizados, públicos y a cargo de la Seguridad Social. La escuela o el pediatra les podrán dar la dirección y el teléfono para pedir hora. De todos modos, si desea consultar en nuestro centro, la atenderemos con mucho gusto. Y para cualquier otra cosa que desee consultarnos, no dude en volver a escribir.

Mi hijo de 12 años, tiene problemas en el cole, problemas de conducta: no admite nunca la culpa, siempre es culpa de los demás, no puedes hablar con él ya que manipula la situación para llevarte al enfrentamiento y siempre acaba ganando. Niega tener cualquier problema; llora cuando le riñes; cuando no hace lo que quiere; no reconoce quien manda y su palabra ha de ser la última. La verdad, es muy difícil el día a día.

Por lo que usted nos dice, sería conveniente que hicieran una consulta al CSMIJ (Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil) que corresponda a su distrito. El colegio de su hijo o el pediatra les podrán dar la dirección y el teléfono para pedir hora. Por supuesto, también pueden dirigirse a una consulta privada.
Creemos que la situación que usted describe, que quizá ya lleva un cierto tiempo de evolución, requiere ser atendida pronto, ya que sugiere problemas en la relación del muchacho con los demás y también entre ustedes y el riesgo (si no se ha establecido ya) de círculo vicioso que empeore progresivamente las cosas. La consulta debería aclarar el fondo de la situación y debería aportar orientaciones (y quizá también tratamiento psicológico) que mejoren la evolución.

Tengo una niña de cinco años que se llama Judith. Siempre va con su mejor amiga en la escuela, a las actividades extraescolares, van a jugar una a casa de la otra, pero desde un tiempo hacia aquí, esta amiga la “maltrata”, tanto física como psíquicamente; por ejemplo, Judith está haciendo pipí y viene esta niña y le dice: “Sal del lavabo que primero hago pipí yo y después tú” y la saca a empujones, o bien, por ejemplo, le toma la merienda, o la muerde. Nosotros le hemos dicho que no se lo deje hacer y que se defienda con un buen ataque. Ya sé que no es la solución, pero ella nos dice que es su mejor amiga, que no hay para tanto; lo ve casi normal y de aquí no la sacamos. Pensamos que depende mucho de esta niña y no sabemos qué hacer. ¿Que nos podríais ayudar? Muchas gracias por la atención.

Por lo que usted explica es evidente que Judith ha establecido una fuerte relación de dependencia de su amiga. En estas formas de relación las dos personas implicadas participan con aspectos de su propio carácter y de su personalidad. En la de Judith y su amiga intervienen, evidentemente, las características de personalidad de la amiga, pero también las de Judith, que la traen incluso a aceptar este maltrato. La dependencia excesiva no le permite hacer crítica de la situación ni encontrar formas de resolverla por ella misma. A pesar de que no nos lo dice, podría ser que, por esta amistad, Judith se haya ido alejando de otras niñas con quienes el trato podría haber sido más igualitario, hecho que hace que todavía se una más a “la amiga”. Pensamos que sería útil que profesionales especializados pudieran estudiar a fondo esta situación y los ayudaran —haciendo equipo con la escuela— a hacer que su hija modificara su manera de relacionarse, pudiera ampliar el círculo de amistades y no tuviera que aguantar de nadie ninguna situación de maltrato.
Puede consultar en el Centro de Salud Infanto-Juvenil que le corresponde por zona de residencia; el pediatra o bien la escuela le sabrán dar la dirección. Naturalmente, también puede consultar en un centro privado.
Para cualquier aclaración que desee, no dude a volver a escribir.

Hola. Somos unos padres que tenemos un problema con nuestra hija de siete años. Desde principio de curso ha tenido muchas dificultades en clase. Al principio pensábamos que era porque ha habido un cambio de niños de clase y ella no se adaptaba. Luego, porque la maestra se puso enferma y la sustituta no conseguía controlar la clase. Como eso les ocurría a muchos más niños de la clase, no le dábamos más importancia. Hasta que ya hemos visto otro problema mucho peor. Resulta que se han hecho grupitos y las niñas que hasta ahora iban con nuestra hija se han juntado con otra niña y dejan a la mía de lado. Hasta aquí es algo “normal” y “cosa de niños”. Pero a medida que hemos sabido más cosas, nos preocupamos cada vez más: no es que la dejen de lado, es que se burlan de ella continuamente. Como es la más pequeña de estatura, la rodean entre todas y se burlan de ella hasta que se marcha. Hasta tal punto es descarada la cosa que varios de los otros padres nos han preguntado, preocupados, si sabíamos lo que estaba pasando y cada uno de ellos nos da un detalle, una historia de acoso a nuestra hija. Ya hemos hablado con la profesora de la niña y durante un tiempo pareció arreglarse el problema, sólo para volver ahora con más fuerza. Hemos vuelto a hablar y ahora le quitan importancia y explican que a la niña la ven bien en clase y no se queja. Insistimos e insistiremos en el colegio para que vigilen y traten el problema, pero otra cuestión nos preocupa ahora todavía más. A principios de curso apuntamos a la niña a unas colonias de quince días en verano para aprender inglés y ella está muy ilusionada con ellas. Pero resulta que a las colonias también irá la niña que está promoviendo el acoso. Y la amiga con la que iba a ir ahora está siguiendo a la acosadora, le ríe las gracias e ignora a mi hija. Por un lado, nos sabe mal que se pierda las colonias por algo que no es culpa suya y no queremos que se sienta castigada. Pero, por otro, no nos atrevemos a enviarla a quince días de tortura. ¿Hacemos bien en no enviarla de colonias y buscar alternativas?

A esta edad, en caso de duda, como lo que les está sucediendo a ustedes, es mejor que la niña no vaya a las colonias. Mas aún cuando las niñas que la han tomado con la de ustedes estarán también en ellas. Antes sería necesario explorar bien la situación, aclarar qué está sucediendo y resolverlo. Por lo que cuentan parece que, claramente, hay una situación de relación entre las niñas en la que su hija recibe la peor parte y en la que la escuela debería intervenir. Por otro lado, sería necesaria una consulta acerca de su hija, para conocer su carácter, sus tendencias y reacciones, las formas en que se relaciona, las dificultades que pueda tener, para llegar a entender lo que ha vivido y las razones por las que le cuesta defenderse. Este estudio podría además ser importante para orientarse en relación al futuro de la niña en cualquier situación de dificultad. Por supuesto, también estaría bien que se consultara por las otras niñas, por lo menos las promotoras del acoso, pero esto no está en nuestra mano resolverlo.
Para el estudio, les aconsejamos que se dirijan al Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) que les corresponda por distrito. La misma escuela o su pediatra les podrán dar la dirección y el número de teléfono. Naturalmente, también pueden dirigirse a una consulta privada de psicología.
Si desean consultar algo más, no duden en volver a escribirnos.

Tengo un hijo de 6 años que después de controlar satisfactoriamente los esfínteres a los 2 años, empezó a escapársele la caca a los 5; consulté el psicólogo de la escuela, me aconsejó estar más por él, hacer que se limpiara los calzoncillos y que este hecho tuviera un coste para él, que no sonara a castigo. Primero no funcionó, pero después parecía que sí. Desde hace cuatro semanas que vuelve a pasarle, acompañado de una relación mas tensa conmigo, la madre. A pesar de que intento acercarme, no hay manera, no consigo saber qué le pasa. ¿Me podéis orientar? Gracias.

Con la trayectoria que usted explica, sería aconsejable no esperar más a hacer una consulta en el Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) que les corresponda según el lugar de su domicilio. Se trataría de aclarar la situación subyacente a este síntoma, o sea, se tendría que hacer una exploración psicológica del niño y de su relación con el entorno para tener más claro qué está pasando. Usted misma nota cambios, no solamente en el control de esfínteres, sino también en la relación con usted, que tienen a ver con las vivencias por las cuales él está pasando en estos momentos. Ya se ve que aunque el síntoma remita en algunos periodos, en el fondo la situación está latente y se puede volver a manifestar en cualquier momento. Haría falta también valorar la orientación terapéutica a seguir. La escuela o el pediatra los podrán dar la dirección del CSMIJ. Naturalmente, también pueden dirigirse a una consulta privada.
Si desean alguna aclaración, no duden a volvernos a escribir.

Mi hijo de 9 años le quiso gastar una broma a un compañero: le quitó las zapatillas de deporte y el compañero no pudo hacer deporte ese día. Él hizo deporte con las zapatillas del otro. Después, al hablar con él, decía que no confiábamos en él, que las zapatillas eran suyas, etc. Yo, su madre, confiaba plenamente en él, pero después las profesoras averiguaron que el niño había mentido. Más tarde, la profesora puso una nota en su agenda para mí, en la que decía que ya todo estaba aclarado, que el niño había querido gastar una broma pero que luego todo se fue complicando. Al preguntarle por qué no me dijo la verdad, el contestó que “como sabía que lo íbamos a castigar le daba miedo”. ¿Qué debo hacer yo ahora? ¿Castigarlo? ¿Reñirlo? No sé qué hacer. Gracias por su atención.

Por lo que usted dice, parece que ésta es la primera vez que sucede una cosa así, la primera en que su hijo toma un objeto de un compañero, mintiendo y diciendo que se trata de una broma. Si es así, lo mejor sería que lo pudieran hablar (él y usted o él y su padre, el que tenga más capacidad para conversar con el hijo), lo pudieran escuchar y le pudieran expresar su preocupación por el tipo de “broma”, por la mentira, por el malestar que le hizo pasar al compañero… Se trataría de conseguir una conversación lo más distendida posible, en la que le aclararan que no lo quieren reñir, y mucho menos castigar, y que realmente creen que no quería hacerle daño al compañero. Reñirlo o castigarlo no serviría más que para disminuir la confianza de su hijo en ustedes y, por lo tanto, sería negativo, pero tratar de conversar amistosamente puede, por el contrario, ampliar la confianza y facilitar conversaciones posteriores, que si se pueden llevar bien serán posibles incluso en situaciones difíciles.
En caso de que se repitiera una situación parecida, las medidas a tomar creemos que deberían ser muy distintas, pero nunca en la línea de la recriminación o el castigo que son siempre negativos en la relación entre padres e hijos, sino en la de averiguar qué le sucede a su hijo, cuál es el problema que lo empuja a una conducta de este tipo. Se trataría de realizar una consulta psicológica. Si algo parecido se repitiera, vuélvanos a escribir.

Mi hija padece “mutismo selectivo”; al menos, eso es lo que creemos. Todo empezó cuando tenía 3 años y comenzó a ir al cole. Ahora tiene 10 y desde la escuela se ha conseguido que participe en su clase de manera normal, pero fuera de esta aula su comportamiento sigue siendo no participar ni hablar. ¿Cómo podemos seguir ayudándola?

El síntoma al que generalmente se llama “mutismo selectivo” puede corresponder a niños muy distintos unos de otros: puede tratarse de niños vergonzosos, a los que les cuesta hablar cuando no conocen a las personas; en el otro extremo, puede tratarse de un “bloqueo”, aunque también existen muchas otras posibilidades… Más que el síntoma, de todos modos, lo más importante es el conjunto de la personalidad del niño, es decir, las cosas que suceden en su fondo, sus formas de vivir las situaciones y de reaccionar, la ansiedad que pueda padecer, la estructura de su personalidad, sus emociones, su inteligencia…
En el caso de su hija, hay que tomar muy en serio que hace siete años que se mantiene el síntoma, aunque se haya atenuado cuando ella está en su aula. Por todo esto debemos aconsejarle una consulta psicológica que permita llegar a un diagnóstico amplio y completo, en el que se aclaren las distintas facetas del problema y se llegue a la orientación terapéutica necesaria para resolverlo. Hay que pensar que la niña puede necesitar tratamiento psicológico.
Si lo desean, pueden consultar en el Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) que le corresponda por zona. La misma escuela podrá darle el teléfono para pedir la hora. Por supuesto, pueden también realizar una consulta privada.
Si desean alguna aclaración, no duden en volvernos a escribir.

Tengo una hija de 8 años y una de 6. Hace unos meses se nos murió un hámster y lloraron mucho. Estaban muy tristes y fuimos a comprar otro. Supongo que relacionado con esto, desde hace unos días la pequeña, a la hora de ir a dormir, a veces se echa a llorar y nos dice que no se quiere morir. Nosotros no somos creyentes y no le queremos decir que iremos al cielo; les digo que yo tampoco me quiero morir, que falta mucho tiempo, pero no se queda tranquila. Cuando me preguntan si volveremos a nacer les digo que creo que no, pero que no lo sé porque nunca me he muerto, pero continúan intranquilas. ¿Cómo se les tiene que plantear el tema de la muerte? Gracias.

Nuestra impresión es que usted lo encara muy bien: les dice las cosas tal como las piensa, sin crear más desazones ni inquietudes de las que ya hay. Diríamos que tendría que continuar en esta línea. Lo que pasa es que no se puede esperar que sus hijas, ni nadie, lleguen a digerir y a encajar la cuestión de la muerte rápidamente. Es uno de los temas difíciles de superar por parte de todo el mundo. Cada cual se lo plantea a su manera y algunos optan para negar la importancia y decir que no les hace nada. Pero, de hecho, todo el mundo necesita un tiempo para asumirlo y, en realidad, es una cuestión que queda planteada para toda la vida, aunque de maneras diferentes en las diversas etapas. Pensamos que usted ya va muy encaminada, pero que tendrá que seguir hablándolo con las hijas y continuar acompañándolas durando mucho tiempo, hasta que ellas hayan desarrollado un criterio propio y lo puedan asimilar como aquello que es: una de las dificultades de esta vida.

Mi hija de 5 años, cuando repasamos el dictado que le ponen cada semana, he observado que tiene dificultades a la hora de estudiarlo. Hay una carencia de interés o bien de atención que hace que se distraiga mucho. Cuando le hago copiar 10 veces la palabra para que se lo aprenda, ¿es normal que después vuelva a hacerla mal? Es cierto que yo le marco el ritmo a la hora de hacer los deberes y pienso que quizás no es bueno. Quizás tendría que buscar ella la manera mejor de estudiar. ¿A qué puede ser debida de esta dificultad a la hora de escribir?

Generalmente, la edad de aprender a leer y escribir se considera que son los 6 años, primero de primaria. Por lo tanto, su hija todavía es pequeña y quizás no se ha interesado mucho por estos aprendizajes. No todos los niños se interesan a la misma edad. En general, a los 5 años, la escuela se los va introduciendo, pero sin poner mucha exigencia; más bien como un juego o algo que puede ser divertido. Si la manera de hacerlo fuera demasiado exigente y poco atractiva, el problema podría ser hacerle aburrir la lectura y la escritura y esto después se hace difícil de cambiar. Eso sí que sería un problema. Vale más seguir tanto como sea posible el ritmo de ella, interesarla, hacerle atractivo el aprendizaje, darle tiempo, buscar técnicas que lo estimulen, aunque lo aprenda algo más tarde.
Usted tiene la sospecha que le marca demasiado el ritmo y quizás este es un punto fundamental: el exceso de presión, de exigencia. Como que no hay ningún retraso en el tiempo, convendría ofrecerle apoyo, estímulo y valoración.
Le recomendaríamos que hablara con la escuela para obtener el parecer y la orientación de ellos. Si quiere, también puede consultarlo al CSMIJ (Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil) que le corresponda por distrito. Son centros públicos y gratuitos. Tanto el pediatra como la maestra le podrán dar la dirección y el teléfono.
Si lo desea, nos puede volver a escribir sin ningún problema.

Hola, tengo una hija de 5 años y un niño de 3. Nos llamaron de la escuela para hacernos saber que la de 5 años tenía problemas de concentración y que no poseía el nivel de lectura ni de escritura que tenían los otros, que se distrae por todo, como si quisiera controlar todo lo que pasa a su alrededor, y que en sus dibujos se ve que a la niña aprieta mucho con el lápiz. Estamos angustiados puesto que la profesora dijo que si no cambia tendríamos que consultarlo con algún especialista. Mi pregunta es que a partir de qué edad me tengo que preocupar por el tema de la lectura y la escritura.

Consultar con un especialista no es grave. La consulta en sí misma no nos indica todavía nada, no es signo de gravedad. También, en general, se consulta regularmente el pediatra, por ejemplo. La consulta sería para aclarar qué pasa y para orientarse sobre cómo enfocarlo para mejorar la situación.

La edad de aprender a leer y escribir es hacia los 6 años, al primer curso de primaria, quizás con una introducción previa a P-5. Pero la profesora debe de notar cosas —quizás la dificultad de concentrarse de la niña— que le hacen pensar que es mejor no tardar a consultar para ir orientados desde ahora y hacer el que haga falta para ayudar la niña. Nos parecería una buena idea hacer caso de la profesora.

Tengo una hija de 6 años que desde hace tiempo hace unos movimientos un poco especiales. En momentos de emoción o situaciones imprevistas (generalmente cosas buenas, como abrir un regalo, participar en un juego colectivo, mirar películas...) mueve espasmòdicament las manos. Últimamente, estos movimientos se han acentuado mucho y ya implican estiramientos del cuello y ciertas gesticulaciones faciales. En la escuela me han aconsejado que lo consulte, aunque la niña no tiene ningún problema a nivel escolar, al contrario, me han dicho que va muy bien en los estudios, que tiene un comportamiento ejemplar y que la relación con los compañeros es muy buena. Sólo hace estas gesticulaciones cuando en la escuela hacen actividades nuevas y que no son las de rutina, y en casa en las situaciones que decía antes. Bien es verdad que es una niña muy guapa y que no da ningún problema ni en casa ni en la escuela. Los padres pensamos que es una manera que tiene de manifestar los nervios que pasa ante una situación desconocida o emocionante. Querríamos saber qué hay que hacer y dónde creéis que nos tenemos que dirigir.

La primera impresión que nos causa su pregunta es que sí, que convendría que lo consultaran. Porque lo que nos dice sugiere que hay estados emocionales que afectan la niña con intensidad y quizás sin que ella misma se dé cuenta. Ustedes ven que pasa “nervios”, o sea tensión y ansiedad, y con toda seguridad es muy buena cosa que se den cuenta, puesto que quiere decir que la observan, que la conocen bien y, por lo tanto, la podrán ayudar mejor. El hecho que vaya bien en los estudios y en el comportamiento tanto en casa como la escuela es, en principio, un dato favorable. Pero también nos hace pensar que, por ejemplo, ella podría necesitar traerse de manera ejemplar en todos los ámbitos —padres, compañeros, escuela— y que aguanta un fondo de ansiedad que se manifiesta en determinadas situaciones con estos movimientos. Entonces, situaciones que parecería que no le tendrían que afectar, o no le tendrían que afectar tanto, de alguna manera la sobrepasan y se desbordan sin encontrar una mejor vía de expresión. Los movimientos que ustedes refieren serían la manera de descargar la tensión que acumula. Al fin y al cabo, ustedes hacen notar que es tanto ante novedades como ante alegrías o momentos emocionales diversos, hecho que sugiere que todos ellos de una manera u otra la ponen a prueba y lo afectan de una manera que le impide elaborarlo mejor. Les sugerimos que lo consulten al CSMIJ (Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil) que les corresponda por distrito. Estos centros son públicos y gratuitos. El pediatra o la escuela les pueden dar la dirección y el teléfono. Si lo desean, nos pueden volver a escribir.

Tengo un niño de 7 años, y en realidad no es que crea que tenga un problema grave, pero le cuesta mucho expresar sus sentimientos, generalmente cuando le pasa algo. A base de jugar con preguntas, y jugando con él le he ido sacando hasta ahora, pero está claro, ahora cada vez la cosa es más difícil, se hace grande. Yo creo que siente celos de su hermano de 4 años, y todo el día lo está pinchando por cualquier cosa, lo mortifica. Hemos hablado con él, le hemos explicado, lo hemos castigado, generalmente le hago copiar el entuerto, pero últimamente, está muy alterado por todo, se enfada, todo le molesta; responde bastante bien a los castigos, pero la actitud conciliadora le dura poco. Ahora, además, está poco motivado para estudiar, no sé qué le pasa, él dice que ya se lo sabe, pero antes iba a su habitación a solas y hacía los deberes de buen humor, y ahora está apático; no infeliz, pero no está igual. ¿Tengo que preocuparme?

Parece desprenderse de su pregunta que de preocupada por el niño ya está, cosa muy natural viendo que sufre, está apático y se muestra infeliz. Por lo que ha hablado con él, usted ha deducido que la causa son los celos, pero probablemente las causas sean múltiples, sin que el niño mismo sea totalmente consciente. Él, yendo a la habitación y haciendo los deberes a solas, daba la impresión de una autonomía que no tenía tan lograda como parecía. Hay que remarcar que no es habitual que los niños de 7 años tengan tanta autonomía; a esta edad siempre es preferible que estudiar y los deberes sean una actividad en la cual se lo acompañe, por la cual se lo interese, en qué él vea un estímulo, no una obligación. El mismo en cuanto a los problemas con el hermanito; los castigos no harán más que aumentar el sentimiento de infelicidad y de ser malo por parte del niño, a pesar de que parezca que él sabe lo que hace cuando molesta el hermano. Más y todo: los castigos aumentan también el sentimiento de celos, de inadecuación, de haber perdido el aprecio de los padres, y así sucesivamente. Si hay un problema de celos, haría falta que usted lo ayudara a sentirse querido y cuidado, a la vez que lo separara del pequeño, impidiendo así que lo moleste y mortifique. Cuando un niño hace sufrir a su hermanito después se siente mal, culpable, cosa que no hace más que estimular la inquietud, el malestar y el sentimiento que no lo querrán, y lo llevan a estar más celoso y a sentirse más infeliz.
De todas maneras, si a pesar de apoyar a su hijo grande la situación persiste, le aconsejamos que lo consulte, para que un psicólogo lo pueda conocer y mirar de entender cuál es el fondo de la cuestión para ver como ayudarlo. Puede dirigirse al CSMIJ (Centro de Salud Mental Infanto-Juvenil) que le corresponda por distrito. El pediatra, o bien la escuela, le sabrán dar la referencia.

Adolescencia

Tenemos 4 hijos: una chica de 23 años y tres chicos de 14, 12 y 7 años. El de 14 años siempre se ha mostrado muy celoso hacia los dos más pequeños, sobre todo respecto del de 12 años. Ahora, hace 3r de ESO, protesta por todo, dice que sólo vemos las gracias del otro y continuamente nos hace frente, hasta llegar a la mala educación (una familia que es un desastre, siempre os peleáis, etc). Las peleas no son más que las discusiones normales (supongo) de una pareja atareada, que casi no se ve y que intenta llegar donde casi no puede. No nos dice claro donde va, ni con quién. Hemos probado de hablar, regañar, explicar, ofrecer ayuda si tiene cualquier problema, reafirmar que siempre nos tiene a su lado, acompañarlo, irlo a recoger, hacer el que nos pide (no siempre lo pide, más bien lo exige) si podemos y no es nada del otro jueves: quedarse un fin de semana en casa con la hermana grande, mientras el resto vamos a la montaña. La situación explicada así nos parece la normal en un chico de 14 años. También está un poco relleno y esto le supone avergonzarse, creemos, pero no hace nada para arreglarlo, puesto que come con mucho afán, como ansioso. Pero vemos que él sufre y nosotros también, y nos da la sensación que nos va cerrando las puertas. Con el instituto y con los compañeros, amigos y conocidos es el más encantador del mundo. Saludos y muchas gracias.

Usted nos describe parte del ambiente de casa suya, sobretodo relacionado con el hijo de 14 años, pero no nos formula ninguna pregunta; por lo tanto, le comentaremos un poco la impresión que nos hace.
Parecería que este chico, en plena adolescencia, y movido por los sentimientos que sea —quizás, como usted dice, celos— está poniéndolos las cosas difíciles a pesar de que, según su relato, ustedes tienen bastante paciencia y el chico bastante calidades y posibilidades.
Por otro lado, estas dificultades nos dan la medida del malestar y el sufrimiento del chico, que se manifiesta así porque no sabe hacerlo de otra manera. El riesgo que vemos es que, a las relaciones, se fijen unos círculos viciosos que ya se empiezan a entrever. Uno tiende a pensar que aquí haría falta una consulta con un psiquiatra o psicólogo especializado en adolescentes, para hablar esta situación detenidamente con los padres y con el chico, y llegar a encontrar las intervenciones necesarias porque las cosas puedan mejorar.

Mi hijo, de 15 años acabados de hacer, tiene un buen expediente académico y lee muchísimo, pero siempre hace muchas faltas de ortografía. Su profesora de catalán nos comentó que quizás tenía un problema de “lateralidad cruzada” (?) y que quizás aquí nos podríais ayudar, con un diagnóstico. ¿Habría que pedir una visita? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Queda cubierto por la Seguridad Social? ¿Os parece mejor que nos dirijamos a otro lugar? Muchas gracias.

Por lo que nos dice, su hijo podría tener algún problema de aprendizaje de la escritura de tipo disléxico, pero tal y como usted ya apunta habría que saber más al respeto y hacer una exploración global del chico. Puede consultar en el Centro de Salud Mental Infanto-Juvenil (CSMIJ) que le corresponda según la zona de residencia. Los CSMIJ son centros públicos, financiados por el Instituto Catalán de la Salud. El médico de cabecera o la escuela sabrán darle la dirección del que corresponda según el lugar donde viven. También puede consultar en algún centro privado. Si desea hacerlo a nuestra Fundación, encontrará el número de teléfono en la página web.
Si necesita algo más, no dude a escribirnos.

Tengo una hija de 13 años con muchos miedos. Cuando empezó el curso escolar, 2.º de ESO, empezó a encontrarse mal, con dolores de barriga; cuando conseguí saber lo que le pasaba, me explicó que tenía miedo de ir al instituto, de que alguien la pegara. Es una niña que va muy bien en los estudios, es muy extrovertida y enseguida hace amistad. Cuando parecía que esto se iba olvidando, ha tenido la mala suerte de que ha sufrido un intento de atraco: unas niñas que no eran del instituto le quisieron quitar el móvil, en la puerta del centro. Ahora se encuentra en una situación en la que no sé como ayudarla, sus miedos son cada vez mayores. No quiere salir sola, cuando me lo pide la voy a buscar pero no sé si ésta es la mejor solución. Me gustaría me dieran su opinión.

Por lo que usted nos dice, su hija lo pasa muy mal debido a temores y ansiedad que seguramente van con ella desde hace mucho tiempo; durante un período, al inicio del curso con todas sus novedades, se habían exacerbado, y más recientemente sólo le ha faltado el susto del intento de atraco para agravar su situación y que ella se sienta aún peor. Todo esto sugiere que se trata de una situación emocional de fondo, algo de su personalidad que se agrava si vive situaciones traumáticas o inquietantes para ella. Se trata de un problema que debería estudiarse bien. Por ello, sería recomendable realizar una consulta profesional psicológica o psiquiátrica, que ayudara a aclarar el trasfondo emocional, de personalidad, de los miedos de su hija y, a partir de ahí, poderlos tratar y resolver de la manera más adecuada. Para ello pueden acudir al Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) que le corresponda por distrito. Su pediatra o la escuela de la niña sabrán darle la dirección y el teléfono correspondientes. También puede, por supuesto, consultar en un centro privado.
Si desea algo más, no dude en volvernos a escribir.

Tengo una hija de 13 años con muchos miedos. Cuando empezó el curso escolar, 2.º de ESO, empezó a encontrarse mal, con dolores de barriga; cuando conseguí saber lo que le pasaba, me explicó que tenía miedo de ir al instituto, de que alguien la pegara. Es una niña que va muy bien en los estudios, es muy extrovertida y enseguida hace amistad. Cuando parecía que esto se iba olvidando, ha tenido la mala suerte de que ha sufrido un intento de atraco: unas niñas que no eran del instituto le quisieron quitar el móvil, en la puerta del centro. Ahora se encuentra en una situación en la que no sé como ayudarla, sus miedos son cada vez mayores. No quiere salir sola, cuando me lo pide la voy a buscar pero no sé si ésta es la mejor solución. Me gustaría me dieran su opinión.

Pel que vostè explica, podrien proposar a la seva filla una consulta a un psicòleg. Ens sembla l’opció a recomanar. Una persona de fora de casa i especialitzada sabrà ajudar-la a revisar la seva situació i aclarir-se. Però és clar, tenint 15 anys dependrà d’ella que aquesta consulta es faci. A la noia se li pot recordar que una consulta és de moment només un pas per arribar a saber què passa. No indica que després s’hagi de fer res més, ni tampoc no ho descarta. Tot serà en funció del que vagi passant i del que ella —i vostès— vagin decidint.

Com ja deu saber, pot adreçar-se al CSMIJ que li pertoca per zona; el metge o bé l’escola li’n donaran l’adreça. Naturalment, també pot consultar privadament.
Si necessita alguna cosa més, no dubti a tornar a escriure.

Tengo una hija de 13 años con muchos miedos. Cuando empezó el curso escolar, 2.º de ESO, empezó a encontrarse mal, con dolores de barriga; cuando conseguí saber lo que le pasaba, me explicó que tenía miedo de ir al instituto, de que alguien la pegara. Es una niña que va muy bien en los estudios, es muy extrovertida y enseguida hace amistad. Cuando parecía que esto se iba olvidando, ha tenido la mala suerte de que ha sufrido un intento de atraco: unas niñas que no eran del instituto le quisieron quitar el móvil, en la puerta del centro. Ahora se encuentra en una situación en la que no sé como ayudarla, sus miedos son cada vez mayores. No quiere salir sola, cuando me lo pide la voy a buscar pero no sé si ésta es la mejor solución. Me gustaría me dieran su opinión.

Pel que vostè explica, podrien proposar a la seva filla una consulta a un psicòleg. Ens sembla l’opció a recomanar. Una persona de fora de casa i especialitzada sabrà ajudar-la a revisar la seva situació i aclarir-se. Però és clar, tenint 15 anys dependrà d’ella que aquesta consulta es faci. A la noia se li pot recordar que una consulta és de moment només un pas per arribar a saber què passa. No indica que després s’hagi de fer res més, ni tampoc no ho descarta. Tot serà en funció del que vagi passant i del que ella —i vostès— vagin decidint.

Com ja deu saber, pot adreçar-se al CSMIJ que li pertoca per zona; el metge o bé l’escola li’n donaran l’adreça. Naturalment, també pot consultar privadament.
Si necessita alguna cosa més, no dubti a tornar a escriure.

Hola. Soy una chica de 19 años y estoy estudiando el segundo año de carrera. Hace años que pienso que podría tener dislexia, pero por mi buen rendimiento académico nunca he hecho mucho caso del problema. Últimamente he notado que tengo más problemas a la hora de estudiar y querría saber como puedo contactar con algún profesional para hacer las pruebas para determinar si realmente tengo dislexia y, si este fuera el caso, como lo puedo tratar. Gracias.

Los problemas de tipos disléxico pueden tener una gravedad muy variada, desde pequeñas dificultades que entorpecen poco hasta ser muy invalidantes. Por lo que explicas, a ti hasta ahora te ha entorpecido poco. Pero es cierto que, justamente en estos casos, a veces la consulta se hace ya de grande, o de no tan pequeño, y de hecho, a todas las edades, si hace falta, se pueden hacer cosas para mejorarlo. La idea de hacer una consulta nos parece muy razonable.
Para contactar con un profesional que conozca la cuestión de la dislexia creemos que sería mejor que lo hicieras en un servicio para niños y adolescentes, que en general conocen más a fondo este problema que los que atienden a adultos. Lo que pasa es que los servicios públicos para adolescentes atienden hasta los 18 años. A nuestra Fundación esto se podría resolver porque tenemos consulta privada; por lo tanto, si quieres, puedes pedir hora para esta consulta llamando al número que figura en nuestra web. Otras posibilidades son dirigirte a otra consulta psicológica privada o consultar en el Centro de Salud Mental por Adultos (CSMA)que te corresponda según el lugar donde vivas, y a ver qué te dicen. Tu médico te podría dar la dirección y el teléfono del que te corresponde.
Deseamos que te vaya muy bien en la elección que hagas y cualquier cosa que necesites, no dudes a volvernos a escribir.

Adopciones

¿Por qué es obligatorio obtener el Certificado de Idoneidad para poder adoptar?

La adopción es una medida que tiene como finalidad ofrecer una familia a niños que están en situación de desamparo. A menudo, debido a las circunstancias de su pasado, los niños adoptados presentan dificultades de personalidad o para vincularse. Hay que garantizar que los adultos que los adopten, sus futuros padres, tengan los recursos necesarios para hacer frente a su crianza y educación. Y también que tengan las capacidades emocionales suficientes por realmente ahijárselos. A la vez, en el proceso hacia la idoneidad, los profesionales suministran información y apoyo a los futuros padres para ayudarlos a valorar la adecuación de su proyecto, así como los recursos con que cuentan para afrontarlo con éxito. No se puede correr el riesgo que los pequeños tengan que volver a vivir situaciones de inestabilidad.

Tenemos un hijo de 10 meses que adoptamos hace un mes. Hasta entonces había vivido siempre en una institución. El proceso de adaptación va muy bien. ¿Cuando es adecuado que vaya a la guardería?

Cómo sabemos, la guardería es una necesidad de las familias, no de los niños. Estos pueden hacer todas las experiencias que harían en el medio escolar con la familia, con un apoyo y un acompañamiento más específicos para ellos, situación que los ayudará a sentirse más seguros.
Algunas veces a los padres les es imprescindible que alguien tenga cuidado del bebé, a pesar de que sea tan pequeño, y no tienen otra elección que la guardería. En general, siempre recomendamos que sea cuanto más tarde mejor: nunca antes de que el pequeño sea capaz de hacer entender sus necesidades y sus deseos a alguien que no es de la familia, señal que podrá comunicarlos a la educadora del hogar de niños.
En el caso de un niño adoptado, es importante que se le dé suficiente tiempo para reconocer sus padres como tales, poderse vincular consistentemente y también orientarse en la cotidianidad de su nueva vida. Haría falta que los padres —en caso de necesidad, con la ayuda de otro adulto que conozca bien el niño— se ocuparan directamente todo el tiempo necesario de forma que pueda sentirse seguro de la relación con ellos antes no tengan que dejarlo en otro medio, y más sabiendo que le puede recordar al niño la institución donde vivía antes. De todas maneras, cuando tenga que ir al hogar de niños, se tendría que considerar también el número de niños que hay en la clase, la cantidad de horas que hay de ir y la posibilidad de hacer un periodo de adaptación progresiva antes de tomar una decisión.

Acabamos de adoptar a una niña (de 1 año de edad) y nuestra otra hija, biológica, de 3 años, se niega hacer las actividades extraescolares que venía realizando (Música y Kumon). ¿Qué sería más conveniente, “forzarla” a que las haga o, por el contrario, es mejor que las deje por una temporada? Atentamente

La llegada de un nuevo hijo al hogar suele generar inquietud y malestar al hijo o hijos que ya estaban en la familia; necesitan un tiempo para habituarse a ver a sus padres ocupándose de otro niño (aun cuando previamente al nacimiento o adopción pudiesen mostrarse muy ilusionados). Suelen necesitar regresar pronto al hogar —del colegio— para “ver” qué hacen sus padres con el recién llegado y asegurarse también de que ellos siguen siendo queridos, que no han perdido su lugar en el hogar, etc. Si se les permite adaptarse progresivamente a la nueva organización familiar, en general van tranquilizándose de forma progresiva y vuelven a ilusionarse por las actividades propias de su edad.
En el caso que nos refiere hemos de tener en cuenta que, por un lado, su hija es muy pequeña y que a esta edad al salir del colegio están cansados, han tenido que pasar muchas horas alejados de sus padres y desean por encima de todo volver a casa y beneficiarse de la relación cariñosa y exclusiva con sus padres. Además, la hermanita llega con una edad en la que está muy presente en el hogar desde el primer momento, ocupando todos los espacios, puesto que ya se desplaza y pasa muchas horas despierta. Es de suponer, además, que su hija ha tenido que soportar la separación de ustedes durante todos los días del viaje al país de origen de su segunda hija o bien adaptarse a todos los cambios y tensión del viaje. Como seguramente ya se ve, creemos que lo más conveniente es que, de momento permitan a su hija mayor quedarse en el hogar con ustedes, vivir la nueva situación de la familia intensamente con todos y tener el tiempo que necesite para habituarse a ella.

Somos una pareja que acaba de adoptar un niño extranjero. En cuanto a salud, se le ve bien de peso y altura. Su habla lleva un poco de retraso debido a que su idioma es otro y a que le hablamos en castellano y catalán. Sabe decir seis o siete palabras y poco más, pero lo entiende casi todo. Sólo lleva tres semanas en casa. Lo conocimos en el orfanato cuando tenía cuatro meses. Muestra mucho apego por nosotros, manifiesta mucho cariño, ríe mucho y come bien. Le cuesta mucho dormir y le dejamos una luz encendida. Conseguimos que no se levantara llorando a medianoche, creo que con terrores nocturnos. Ahora se despierta, llora un poco y, si lo acaricias, se vuelve a dormir en diez minutos. Tiene muchas rabietas al cabo del día y si no le das lo que desea, acaba llorando, con pataletas y golpeándose la cabeza. Pedimos que por favor nos asesoren en el tema de las rabietas, ya que no se las consentimos y procuramos hacerle entender que hasta que no deje de llorar, de romper o de pegar no le cogeremos en brazos. Y a la hora de dormir utilizamos el método del Dr. Estivill, aunque dulcificado. Antes probamos a acompañarlo durante la noche, pero sólo quería jugar y se dormía al cabo de horas; ahora, en cambio, conseguimos que se duerma tras veinte minutos o media hora. A veces llora, otras sólo se levanta y volvemos a llevarlo a la cama calmándolo, con muestras de afecto hasta que se duerme. Les agradecería que nos aconsejaran. Tenemos mucha paciencia porque hace muy poco que está aquí, pero nos gustaría que nos proporcionaran algunos consejos. Reciban un cordial saludo.

Los niños que han recibido insuficiente atención afectiva durante sus primeros meses o años de vida presentan un trastorno en su evolución emocional y relacional. Además, la adopción les comporta una pérdida de todos los referentes conocidos que, aunque fuesen insuficientes y a veces inadecuados, les permitían estar orientados. Cuando son adoptados deben iniciar la relación con sus padres, quienes inicialmente son para ellos desconocidos, y adaptarse a multitud de situaciones nuevas que comporta la vida en la familia.
El cúmulo de circunstancias descritas anteriormente motiva que conductas como las que usted describe en su hijo sean frecuentes en los niños adoptados durante los primeros lapsos de vida en su familia. Por tanto, inicialmente, no se trataría tanto de “educar” al pequeño y hacerlo desistir de las conductas que usted refiere como de acompañarlo, ayudarlo a tranquilizarse, a sentirse seguro, comprendido y querido. Lo de educar vendrá más tarde y en ese momento será importante, pero no ahora. Pasar de ser unos adultos y un niño desconocidos a ser padres e hijo es un proceso que requiere de un período generalmente largo.
A pesar de lo dicho, pensamos que les sería útil consultar con especialistas que pudiesen orientarlos respecto a cómo abordar las diferentes situaciones que se presentan en el proceso de convertirse en familia. Les sugerimos dirigirse a la unidad de atención post adoptiva del Institut Català de l’Acolliment i de l’Adopció (ICAA) o bien al Centro de Salud Mental Infanto-Juvenil (CSMIJ) que les corresponda según su lugar de residencia; a buen seguro, el pediatra del pequeño sabrá darles la dirección del mismo. Otra posibilidad es consultar en un centro privado. Si desean hacerlo en nuestra Fundación, hallarán el teléfono de contacto en nuestra web.

Somos una familia monoparental y estoy preocupada porque mi hijo adoptado hace un año (ahora tiene cuatro) tiene problemas en la escuela. ¿Podrían decirme por favor si hay algún servicio de atención a las familias adoptivas que sea gratuito, puesto que no puedo pagar ningún psicólogo privado?

El ICAA —el Instituto Catalán por la Acogida y la Adopción— tiene una Unidad de Atención Postadoptiva a la cual usted puede dirigirse; el teléfono es el 93 483 18 24. Este servicio puede ofrecer un número de visitas reducido y atiende en especial las consultas que son específicas de la situación adoptiva. Si hiciera falta alguna otra actuación, ellos la derivarán al servicio público que le corresponda por zona.
Cómo que, por lo que usted dice, la dificultad de su hijo se refiere al ámbito escolar, también puede plantearse de consultar en el Centro de Desarrollo Infantil y Atención Precoz (CDIAP)que corresponda a su distrito. El pediatra o la escuela le sabrán dar la dirección.
Si necesita algo más, vuelva a escribirnos.

Tengo un niño de 7 años, adoptado hace cuatro y hasta hace dos semanas su comportamiento era el de un niño positivo, alegre, todo le parecía bien tanto en casa como en el colegio, pero a la vuelta de las vacaciones de Navidad, el primer día de colegio me llamaron porque no paraba de llorar. Fui a buscarlo, indagué en las causas y no me supo decir qué era lo que le había pasado; este hecho se viene repitiendo con bastante frecuencia y ahora comienza a llorar en el momento de salir de casa y dice que no sabe cuál es la causa. Por favor, me gustaría que nos orientasen, ya que estamos perplejos ante esta situación. A veces pienso que lo tengo muy mimado y que es a causa de esto, pero creo que quiere llamarnos la atención sobre algo. Muchísimas gracias.

Por la manera en que usted nos plantea la situación, parece que se ha dado un cambio drástico y repentino en el estado de ánimo de su hijo, coincidiendo con un período vacacional en el que probablemente ha podido disfrutar más de su familia, su hogar, etc. Probablemente ni él mismo sepa las causas de su malestar, y eso hace que la situación le resulte, si cabe, más angustiosa.
Usted valora que posiblemente el niño les está llamando la atención sobre algo, y es por eso que vale la pena acompañarlo en su desazón, ayudándole a darle sentido a las cosas que está sintiendo y mostrándole que ustedes están allí, comprendiéndole, escuchándolo y ofreciéndole apoyo en ésta y cualquier otra situación que se pueda presentar. Eso puede calmar a su hijo y mostrarle un buen modelo para poder enfrentarse a la angustia que le produce “volver” a separarse de los suyos tras un tiempo tan gratificante como parece haber sido el descanso de Navidad.
De todos modos, si la situación persiste, sería recomendable una consulta a un psicólogo que pudiese valorar, a través de una exploración amplia, qué le está sucediendo a su hijo.
Dicha consulta la pueden realizar en el Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) que les corresponda por distrito, o bien optar, si lo prefieren, por una consulta privada.

Hola, tenemos a una niña que en julio hará 3 años, nació en Rusia y la adoptamos a los 13 meses. Es muy vital y avispada pero está, según mi criterio, un poco retrasada en el habla. He pensado de traerla al CDIAP que nos corresponde. tengo la dirección y el teléfono, pero necesito saber qué pasos tengo que hacer y qué requisitos son necesarios para que me puedan atender. Si tengo que aportar algún informe de pediatría o de la maestra de la guardería a la cual va. Gracias.

Nos parece muy adecuado que consulte el CDIAP que le corresponde.
Cada centro tiene una organización propia en cuanto a papeles que hay que presentar. Por lo tanto, el más práctico será que los telefonee directamente a ellos y les pregunte qué documentos necesitan para poderlos dar hora para la primera visita. Entonces, el profesional que los atienda ya les pedirá los informes que crea oportuno, o quizás preferirá ponerse en contacto directo con la escuela, el pediatra, etc.
Si desea cualquier otra cosa, no dude a volvernos a escribir.

Otras cuestiones

Hola, me gustaría saber vuestra opinión en relación con la custodia compartida y cómo afecta el niño o niña. Más concretamente, querría comentaros que tengo una amiga separada con una hija de dos semanas. Están hablando de custodia compartida y cómo que hay tanta confusión alrededor de este tema, los cuesta mucho aclararse. ¿A partir de qué edad creéis que es adecuada para la criatura la custodia compartida? Muchísimas gracias. ¡Es muy interesante poder disponer de este consultorio y os felicito mucho por la iniciativa!

Gracias por vuestra apreciación y vuestra valoración. Estamos muy contentos que la iniciativa os parezca útil.
Yendo al tema, nos parece muy bien y es deseable que madres y padres quieran tener el cuidado de los hijos y que los dediquen el máximo de tiempo posible. El tiempo que los padres consagran a los hijos, a estar al cuidado de ellos, jugar con ellos, conocerlos, es un factor capital para el crecimiento y la buena evolución de los niños en todas las áreas: emocional, intelectual, social, conductual, etc.
Ahora bien, en cuanto al sistema de crianza se tienen que poner en primer término las necesidades del menor y en este sentido no es lo mismo un bebé de dos semanas, un niño de otras edades o un adolescente. El bebé pequeño —y los niños, cuanto más pequeños, más todavía— necesitan mucha estabilidad y los mínimos cambios posibles, al menos hasta que haya crecido un poco y se haya orientado en su entorno y en relación con las personas (que vale más que sean pocas) que lo cuidan. Si la madre le da el pecho —como es deseable— necesitará estar con ella la mayor parte del tiempo, al menos los primeros tiempos, para que se puedan ir acoplando a las necesidades del pequeño con la función del pecho y con todo lo que se relaciona. Aún así, es evidente que el padre podrá compartir el cuidado del bebé, podrá ejercer funciones muy importantes de apoyo y también de cuidado, aunque sea la madre quien haga la función nutricia, porque no puede ser de otra manera, cuanto menos durante un tiempo. Pensamos que todo esto vale tanto para padres que viven juntos como para padres separados.
Ahora bien, en la crianza de los niños de padres que se separan intervienen tres tipos de factores: las necesidades del niño; los deseos y a menudo los conflictos de los padres y, cuando estos no se entienden, la ley. Cuando los padres, todo y separados, son capaces de tener en cuenta en primer lugar las necesidades del niño, como tendría que suceder siempre, estarán dispuestos a dialogar; pero esto muchas veces no se consigue. A menudo los padres se mueven más por sus propios deseos, conflictos y rencores que por las necesidades del hijo. En este caso no es ni mucho menos excepcional que acaben consultando para que sea la ley quien decida como harán la crianza: cuándo, cómo y dónde verán la criatura, quien se cuidará de qué, quien pagará qué, etc. Uno de los resultados de estas disputas puede ser la custodia compartida o, evidentemente, otras reglamentaciones. Pero la ley no puede llegar hasta los matices individuales de cada situación: características y necesidades del niño, características y calidades del padre y de la madre, capacidades que pueden ofrecer al hijo, tiempo disponible para dedicarle, sensibilidades, aspectos de la personalidad y el carácter de cada uno y tantos otros. Tampoco puede, la ley, tener la flexibilidad necesaria para ajustarse siempre que haga falta a nuevas condiciones y cambios. Por otro lado la ley no interviene si no se la convoca, por ella misma no obliga, en todo caso son los padres quién la llaman a intervenir como consecuencia de su incapacidad para dejar de banda rivalidades y conflictos. En cambio, si ellos son capaces de hacer una separación «civilizada» podrán organizar el mantenimiento del hijo de la mejor manera para éste. Para conseguirlo, hay que tener en cuenta que no todos los niños son iguales, ni evolucionan y maduran al mismo ritmo, ni necesitan las mismas cosas, el mismo apoyo, las mismas condiciones. Por lo tanto, es recomendable que los padres lo hablen con un psicólogo especializado en evolución infantil y factores y sistemas de crianza, para tener en cuenta los factores múltiples que intervienen en cada situación y conseguir que el diálogo entre padres y psicólogo produzca las orientaciones correctas para el cuidado del hijo y para la mejor función de los dos padres.
Si los padres están interesados en el hijo/a preferirán este sistema que ganar pleitos a los juzgados y obtener un diseño rígido de crianza. Porque es evidente que es deseable que los dos padres compartan la custodia y que cada uno pueda ofrecer el mejor de si mismo al hijo, puesto que los dos son incuestionablemente importantes, pero hay que conocer sus calidades y condiciones para organizar la mejor custodia. Esto significa estudiar bien la situación y, de alguna manera, poner en marcha suficiente colaboración a pesar de que la relación de la pareja se haya roto.
De hecho, según como vayan las relaciones ahora, tanto entre los padres como en relación con el hijo, las relaciones en el futuro serán de una forma o de otra. Muchas «victorias» en el presente son grandes pérdidas más adelante, y sobre todo lo son para los hijos. Si los padres se dieran cuenta bien —ahora— quizás estarían más dispuestos a dejar en segundo término los conflictos entre ellos para hacer todo el trabajo psicológico que haga falta para preservar sus relaciones con los hijos y que estos salgan el menos afectados posible.
Evidentemente, queda mucho para decir sobre todo esto, pero estos serían puntos de partida para ir pensándolo.

¿Cómo afecta a los hijos la separación des padres?

La separación de los padres significa siempre la ruptura del núcleo familiar central del hijo, de su espacio de seguridad; en este sentido, es siempre traumática. Puede llegar a hacerse insuperable cuando los padres siguen peleándose y pleiteando después de haberse separado. También cuando a la pérdida del núcleo familiar se añaden otras pérdidas en cadena, como el contacto con uno de los padres, la casa, la escuela, los amigos, una rama familiar… A menudo, sin embargo, la mala relación entre los padres, con agresividad abierta o distancia e incomunicación, era ya traumática para el hijo; la separación es entonces la culminación de un problema que hace años que existía.
De todos modos, que la separación sea más traumática y dolorosa o, por el contrario, más soportable y superable depende de muchos factores a considerar si se quiere reducir su influencia negativa.
Muchos padres, cuando deciden separarse, consultan a un experto para encontrar la mejor forma de proteger al hijo y ayudarlo a elaborar y superar la situación. Este cuidado puede hacerla menos traumática.

Mi hija presenta una disminución, a pesar de que no hay un diagnóstico concreto. Hasta ahora ha ido a una escuela normal con una ACI (Adaptación Curricular Individualizada). El año que viene empezará 1r de ESO y en la escuela actual me han dicho que lo tengo que llevar a una escuela especial. Tengo muchas dudas de cuál sería conveniente. No sé qué criterios seguir para escoger la escuela más adecuada.

Buscar una nueva escuela para los hijos siempre es una situación difícil, que nos llena de dudas; más cuando concurren circunstancias especiales como las que usted describe. Es imposible orientarla respecto a qué escuela será la más adecuada desde nuestra consulta online. Pero es bien seguro que los profesionales que conocen la chica (psicólogos, psicopedagogos, maestros, etc.) sí que podrán hacerlo.
Si no lo hubiera hecho ya, puede dirigirse al EAP (Equipo de Asesoramiento Psicopedagógico) que, como su nombre indica, lo forman psicólogos y pedagogos que asesoran las escuelas públicas (y las concertadas cuando se los lo pide). Ellos se pueden coordinar con la escuela a la cual va ahora su hija y también con los colegios especializados para orientarla respecto a qué puede ser la más adecuada. También lo ayudarán a ver qué escuela es más adecuada los profesionales mismos de cada uno de los colegios de enseñanza especializada, puesto que ellos sabrán si tienen el grupo adecuado para su hija.

Soy profesora en una escuela de educación especial y mi grupo es de niños con TGD. Un alumno nuevo de 5 años presenta una hipersensibilidad alimentaria con rechazo a nuevos gustos y texturas. Los padres comentan que lo fuerzan a comer y que tienen que ser dos para poderlo sostener; aún así, su dieta es reduce a macarrones (cada vez come menos), carne a la plancha o rebozada, pescado rebozado de la marca Pescanova, pizza de Casa Tarradellas de 4 quesos (no la toca, se lo dan) y unas galletas determinadas y chocolate... Desde que se queda al comedor escolar, la situación en casa ha empeorado, los padres tienen más problemas (en la escuela no come nada, sólo se come el almuerzo si le gusta el que le han puesto). Hago la consulta por si me podéis orientar hacia un psicólogo o psiquiatra especializado en problemas de alimentación en niños autistas o del espectro autista para quee nos pueda asesorar, tanto en la escuela como en la familia. Recibíd un cordial saludo.

Tal y como usted seguro que sabe, es frecuente que los niños que presentan Trastorno Generalizado del Desarrollo sean extremamente selectivos en su alimentación. Y es cierto, creemos que es necesario que todos ellos sean controlados por un psiquiatra que se encargue de organizar toda la asistencia: atender los padres, coordinarse con la escuela, indicar tratamiento psicológico cuando haga falta y valorar la conveniencia de medicación en algunos momentos; en algunos casos incluso recomendar hacer exploraciones complementarias, etc. Probablemente su alumno ya ha sido derivado en la escuela por un psiquiatra o psicólogo, y es a él a quien se tendría que consultar en este momento respecto a las dificultades alimentarias que el niño presenta. Hacer intervenir otro profesional podría dispersar la información, confundir la familia y quizás no aportaría mucha de nuevo. Si no fuera así, si no hubiera sido derivado por un psiquiatra o psicólogo que se ocupara del niño, y si la escuela donde usted trabaja no cuenta con ningún psiquiatra, como de hecho sucede en algunas otras de las especializadas en niños con TGD, podrían consultarlo al centro de salud mental (CSMIJ) que correspondiera a la familia según el lugar de su domicilio, o bien, por ejemplo, al Centro Carrilet de Barcelona, grandes especialistas en este problema.

Soy una alumna de Magisterio interesada en el tema de la dislexia. Me gustaría saber dónde poder informarme sobre el tema; si hay algún tipo de charla a la cual pueda asistir, así como otra información en lo referente al tema.

Una psiquiatra de esta Fundación, la Dra. Eulàlia Torras, tiene publicado un libro que se llama Dislexia en el desarrollo psíquico(Editorial Paidós, 2002, Barcelona). También en Internet puedes encontrar mucha cosa de diferentes líneas teóricas y de variada calidad. En cuanto a cursos, cada año a la Fundación se da un curso sobre reeducación, que evidentemente tiene relación con la dislexia, a pesar de que no solamente con este problema, sino también con otros problemas de aprendizaje. De hecho, quizás te interesaría llamar a nuestra Secretaría y dar tu dirección electrónica para que te vayamos enviando las actividades docentes que hacemos. Deseamos que puedas orientarte y encontrar lo que vas buscando. Si deseas algo más, por favor, vuelve a escribirnos.

Hola. Soy logopeda en un CDIAP. El otro día me llegó una niña adoptada en un país asiático: tiene dos años y medio, llegó aquí el septiembre de 2007, tiene un vocabulario de unas diez palabras, a pesar de que ahora empieza a repetir palabras, su fonética es poco clara. La madre es maestra y está preocupada, porque empezará P-3 este año; en su lengua tampoco dice nada, la madre comenta que en el orfanato no le hablaban. Va a la guardería y la maestra dice que es una niña autónoma y avispada, parece que sí que entiende las órdenes y las cosas que se le dicen. La madre también dice que su comprensión es buena. Mi pregunta es si haría falta que esta niña viniera al centro a trabajar toda esta área del lenguaje. Si fuera una niña de aquí yo lo habría cogido a tratamiento, pero cómo que hace poco que ha llegado pienso que hay que darle tiempo. He dado orientaciones a la madre, he tratado de menguar su angustia y hemos quedado por de aquí a un par de meses. En casos de adopción y problemas de desarrollo de lenguaje, ¿qué hay que hacer, dar más tiempo? ¿Intervenir? Si tuvierais bibliografía al respeto y me lo dijerais os lo agradecería. Gracias por adelantado por vuestra atención.

El retraso en el lenguaje es muy frecuente en las criaturas adoptadas. Tal y como tú apuntas, no es problema de hablar nuestro idioma, sino un problema más de fondo, de carencia de evolución también del lenguaje interno, puesto que a las instituciones a menudo se ofrece a los niños muy pocas posibilidades de vincularse y, por lo tanto, de interesarse en la relación, la comunicación, etc.
Así, pues, el más importante en el caso de tu paciente seria que pudiera establecer vínculos intensos y establos con sus padres, que le permitan sentirse bastante segura, observar e irse interesando en la manera de hablar de ellos. Parecería que está en el buen camino puesto que ya comprende órdenes sencillas y empieza a imitar. Pero naturalmente, esto requiere tiempo puesto que, como decíamos, no se trata de “hacer un cambio de idioma”, sino de recuperar las bases del pensamiento verbal. Los estudios muestran que los niños que provienen de instituciones cogen la evolución normal en los déficits motrices rápidamente, pero que todo el que es área de pensamiento y lenguaje los cuesta mucho más. A menudo vemos que a estos niños tienen dificultades de articulación puesto que todo el desarrollo del habla se hace tarde, o sea, no en el momento neurológico óptimo.
Sí que pensamos que hay que hacer tratamiento, pero de momento a través de los padres. Así:
1) Si se sienten apoyados, podrán estar bastante tranquilos para no forzar la niña, hecho que estorbaría el establecimiento de vínculos y su interés para hablar, pero,
2) a la vez bastante preocupados —la niña se juega mucho!!— cómo para invertir, ellos, mucho de esfuerzo. Hace falta que dediquen muchos ratos a hacer actividades plegados, mejor si cogen como punto de partida actividades que interesen y motiven la niña. Algunas ideas podrían ser: juego de representación, mirar cuentos, etc. Es válido todo aquello que pueda interesar la niña en la comunicación.
También vale la pena que veas tú a menudo a la niña —en presencia de los padres— para valorar la evolución, dar ideas a los padres, etc.
Trabajar los déficits de articulación pensamos que vale más dejarlo por más adelante, cuando la niña misma los note y tenga interés a ser ayudada, en el supuesto de que no los corrigiera por ella misma.
En último lugar, te recomendamos el libro Adopción y vínculo familiar compilado por Vinyet Mirabent y Elena Ricart, editado en 2005 conjuntamente por la editorial Paidós y la Fundación Vidal y Barraquer.
Si deseas alguna otra cosa, no dudes a volver a escribirnos.

Hola, soy maestra y en clase tengo un niño de 3 años que está haciendo P-4, a pesar de que no hará los 4 años hasta final de diciembre. La madre está preocupada porque, en casa, el niño no explica nada de la escuela. Es hijo único y la madre lo tiene muy consentido y mimado. Con ella hace pataletas y, en cuanto a los hábitos de autonomía, no consigue que haga nada a solas. En clase se lleva bien, a pesar de que tiene el llanto fácil cuando alguien lo enreda o no se sale con la suya. También le tengo que ir detrás porque se espabile solo, y cuando quiere lo hace. A nivel de lenguaje tiene una habla muy clara, se muestra ágil, pero en cuanto al razonamiento tiene dificultades, como también para explicar cosas, puesto que no construye una frase muy hecha. Además, le cuesta el cálculo mental, si bien en cuanto al aprendizaje no tiene ninguna dificultad. Muchas veces sale por "por la tangente" cuando estamos explicando algo. Me gustaría saber si se puede hacer algo, si presenta algún problema que me pase por alto o si es sólo la inmadurez. Gracias.

Por lo que explicas, se puede pensar en un niño un poco immaduro en cuanto al desarrollo de algunas funciones, pero sobretodo un poco frágil y necesidad de mucha atención y apoyo, más del que sería deseable a su edad. El hecho que sea hijo único puede influir, pero uno se pregunta cómo debe de ser la relación con la madre, puesto que puede ser que las angústias de ella afectan la relación con el niño y lo mantengan más frágil y «pequeño» del que le correspondería por la edad. En cuanto a lo que se puede hacer en esta situación, vemos dos posibilidades. Una seria seguirlo para observar y evaluar la evolución que habrá hecho de aquí a unos tres o cuatro meses. En este tiempo estaría bien que lo apoyaras y lo estimularas a hacer el que puede hacer, tanto como te fuera posible en el aula. La segunda opción sería hacer una consulta al CDIAP (Centro de Desarrollo y Atención Precoz) que los corresponda por Distrito; cómo que la madre está preocupada, pensamos que le será útil que lo escuchen y lo orienten para evitar círculos viciosos generados por la angustia familiar. Una consulta no significa tener que hacer nada más que explorar el niño y la situación global para saber como van las cosas. Si todo está bien, no habría que hacer nada más, o quizás sí, puesto que sería conveniente que se lo volviera a ver pocos meses después para evaluar la evolución. Cómo debes de saber, los CDIAP son centros financiados y dependientes de la Generalitat. También se puede, naturalmente, hacer una consulta privada, pero esto ya es cuestión que tendrá que decidir la familia.
Si quieres algo más, no dudes a volvernos a escribir.