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Preguntes més freqüents: Nens de 5 a 12 anys
 
Com es pot limitar el consum de televisió als nens?
Cuando nuestro hijo se porta mal, ¿cómo dar con el castigo justo?
¿Cuándo hay que castigar a un niño que se porta mal?
Nuestro hijo va mal en la escuela. La maestra dice que “es listo y no le va mejor porque no quiere”. Lo hemos probado todo: castigos, premios, privarlo de las cosas que le gustan, prometerle cosas que desea. ¿Qué más podemos hacer?
¿Cómo hay que tratar los celos?
Al niño miedoso, que sufre temores ¿hay que hacer que se acostumbre a aquellas cosas que le dan miedo?
Nos han dicho que a nuestro hijo no le debemos pegar ni castigar. ¿Qué debemos hacer entonces? ¿Dejarle hacer todo?
On podríem consultar per les dificultats de conducta del nostre fill d’11 anys? Podríem fer-ho a la seva Fundació?
Soy una madre de un niño de 7 años. La maestra nos dijo que existía algún problema con él y nos animó a que consultáramos con un profesional sobre su actitud y comportamiento. Éste no informó de que nuestro hijo podría sufrir el trastorno del TDAH. Puesto que teníamos dudas de que posiblemente se le haya etiquetado muy rápidamente, solicitamos mas información a un neurólogo, pero lo que hizo fue recetarle Rubifen sin valorar siquiera si el diagnóstico era o no acertado. Mi duda radica en que tras informarme un poco de este trastorno, he leído que en muchas ocasiones se interpreta de muchas maneras e incluso se diagnostica erróneamente, puesto que es el disfraz de otros problemas más ocultos. Creo que lo que realmente necesito es una visión más amplia y certera de que mi hijo tiene con seguridad este trastorno y, si es así, si existen alternativas fiables y efectivas a la medicación.



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Com es pot limitar el consum de televisió als nens?
La televisió i el vídeo poden ser eines de distracció i fins i tot d’aprenentatge, però massa sovint tant els nens com els adults en fan un consum desmesurat i empobridor, que els fa perdre estona que podrien dedicar a tasques més creatives i enriquidores. Cal parlar amb els nens i ensenyar-los des de ben petits a triar quin programa (o quina pel·lícula) veuran; en els altres moments, val més deixar el televisor apagat i oferir-los alternatives que els interessin i agradin prou. En general, si ens oferim a jugar, mirar contes, pintar, anar a passeig, etc., amb ells, els nens renuncien de bon grat a la televisió. A poc a poc van fent seva la cultura de veure només allò que més els interessa i dediquen la resta del temps a jugar i a altres tasques més actives.
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Cuando nuestro hijo se porta mal, ¿cómo dar con el castigo justo?

Cuando un niño “se porta mal” es que algo le pasa. El niño que “se porta mal” es un niño que se siente mal, que sufre y no sabe expresarlo, o mejor dicho, que lo expresa de esa forma. No sabe salir solo adelante. Puede estar tenso, enfadado, asustado… pero siempre necesita ayuda. Ningún niño crea problemas —ni los padece— si puede evitarlo. Por ello, no hay castigo justo. El castigo es siempre injusto, impuesto desde los que tienen la fuerza y el poder: los adultos. Es mejor tratar de captar qué le pasa al niño para poder ayudarlo, apoyarlo, estar a su lado. Es mejor estar disponible para escucharlo, darle tiempo. Cuando un niño “se porta mal” es cuando más necesita ayuda y comprensión por parte de sus adultos.
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¿Cuándo hay que castigar a un niño que se porta mal?

Diríamos que nunca, que no se trata de castigar, sino de ayudar al niño. En realidad, los adultos castigamos desde la irritación, el enfado, la frustración, la impotencia, no desde nuestro cariño hacia el niño. Aunque lo justifiquemos con racionalizaciones y digamos que “lo hacemos por él”, el castigo es siempre una especie de venganza de los adultos, que deteriora su relación con el niño, ya que le despierta sentimientos de impotencia, injusticia y resentimiento. Además, el niño al que se castiga tiende a desarrollar una idea negativa de sí mismo, se siente malo, y esto disminuye su autoestima y no ayuda a su crecimiento. Es necesario buscar sistemas para ayudar al niño a salir de este tipo de conducta y de relación. Da mucho mejor resultado la tolerancia, la paciencia, el apoyo, la disponibilidad, y tener confianza en lo positivo del niño.
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Nuestro hijo va mal en la escuela. La maestra dice que “es listo y no le va mejor porque no quiere”. Lo hemos probado todo: castigos, premios, privarlo de las cosas que le gustan, prometerle cosas que desea. ¿Qué más podemos hacer?

Si va mal en los estudios es que necesita ayuda por parte de los adultos: padres, quizá maestros… Si un niño puede ir bien, lo hace sin necesidad de premios; si va mal es que por su cuenta no puede hacerlo mejor. Los castigos empeoran la situación, desmoralizan al niño, disminuyen su autoestima, pueden llegar a hundirlo. Muchas veces, en el fondo de un chico que no va bien en los estudios hay un chico deprimido, desmoralizado, que ya ha tirado la toalla, que se cree tonto o que no podrá salir adelante. Privarlo de las cosas que precisamente le gustan es aumentar su desmotivación. A menudo, las cosas que le gustan son actividades en las que tiene éxito, se siente capaz —y por tanto son imprescindibles para mantener cierta confianza en sí mismo— o en las que busca refugio. Es esencial llegar a saber qué le sucede, y cómo ayudarlo. A veces se requiere la ayuda de un psicólogo.
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¿Cómo hay que tratar los celos?

El niño celoso es un niño que sufre. Algún acontecimiento —habitualmente pensamos en el nacimiento de un hermano, pero por supuesto hay muchísimos otros— ha hecho que se sienta desplazado, no querido, y eso lo hace sentir también poco válido, poco satisfactorio para los demás, generalmente los padres. A menudo se habla de los celos de un niño recriminándoselos, “afeándole” su reacción celosa, como si no se pudiera tenerlos. En cambio, es importante recordar que los celos son un sentimiento universal, que todos conocemos por experiencia porque al menos en alguna ocasión los hemos sufrido. Por eso, al niño celoso hay que reconfortarlo, estar a su lado, darle seguridades. De esta manera podrá ir tolerando mejor la situación que le ha generado los celos e irá superándola.
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Al niño miedoso, que sufre temores ¿hay que hacer que se acostumbre a aquellas cosas que le dan miedo?

A los miedos irracionales que no se corresponden con un peligro en el entorno del niño los llamamos fobias. Es cuando un niño —o un adulto—, a pesar de darse cuenta de que su miedo es injustificado, no puede evitarlo y no puede acercarse a según qué situaciones: la oscuridad, un perro... Las fobias son un sufrimiento, una ansiedad, que corresponde a imágenes y expectativas negativas en la mente de la persona. A veces se tiene la idea de que al niño que tiene una fobia hay que acostumbrarlo, curtirlo, a base de ponerlo en contacto con aquello que le da miedo. Si tiene miedo a la oscuridad, por ejemplo, pues que duerma a oscuras o tenga que moverse por la casa sin encender las luces. Este procedimiento, además de hacer sufrir mucho al niño, puede determinar que cada vez esté más inseguro y asustado, más frágil. Para ayudarlo a superarlas, a modificarlas, hay que, como siempre que se trata de ansiedad, darle tiempo, apoyo, seguridad. Si forzándolo mucho, ridiculizando su miedo como a veces se hace, el niño llega a “hacer de tripas corazón” la apariencia habrá cambiado, pero en su interior la fobia quedará encapsulada, disociada, constituyendo un punto frágil en su personalidad que puede derrumbarse ante situaciones difíciles. Superar una fobia requiere tiempo, pero es mejor tomarse ese tiempo que cambiar sólo la apariencia. Según la importancia del problema se necesitará ayuda de psicólogo.

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Nos han dicho que a nuestro hijo no le debemos pegar ni castigar. ¿Qué debemos hacer entonces? ¿Dejarle hacer todo?

¡Ni mucho menos! Dejarle hacer todo sería abandonarlo a sí mismo. Por el contrario, hay que ayudarlo a diferenciar lo que puede hacer y lo que no, a comprender las consecuencias de sus actos; hay que indicarle claramente, aunque con flexibilidad, que depende de las circunstancias, hasta dónde puede llegar y de dónde no puede pasar. Lo que sucede es que esto, como toda tarea educativa, requiere siempre la paciencia necesaria y una suficiente “prestación personal”, o sea dedicar tiempo, conversar con el niño, y también lo que llamamos “predicar con el ejemplo”. A veces los adultos estamos muy atareados o tensos y queremos resultados en el acto, métodos expeditivos que a menudo deterioran la relación con el hijo y las posibilidades realmente educativas.
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On podríem consultar per les dificultats de conducta del nostre fill d’11 anys? Podríem fer-ho a la seva Fundació?

Catalunya té una xarxa de Centres de Salut Mental Infantil i Juvenil (CSMIJ). Per tant, podrien consultar-ho al CSMIJ de la zona on viuen. El seu pediatre i/o metge de família els indicarà la seva ubicació exacta. Probablement també sabran orientar-los a l’escola on assisteix. Òbviament, poden consultar qualsevol dels centres de salut mental infantojuvenil que atenen de manera privada. Entre ells hi ha —efectivament— la nostra Fundació, on els atendrem amb molt de gust si decideixen venir. Trobaran la nostra adreça i el nostre telèfon per demanar hora a la mateixa pàgina WEB.

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Soy una madre de un niño de 7 años. La maestra nos dijo que existía algún problema con él y nos animó a que consultáramos con un profesional sobre su actitud y comportamiento. Éste no informó de que nuestro hijo podría sufrir el trastorno del TDAH. Puesto que teníamos dudas de que posiblemente se le haya etiquetado muy rápidamente, solicitamos mas información a un neurólogo, pero lo que hizo fue recetarle Rubifen sin valorar siquiera si el diagnóstico era o no acertado. Mi duda radica en que tras informarme un poco de este trastorno, he leído que en muchas ocasiones se interpreta de muchas maneras e incluso se diagnostica erróneamente, puesto que es el disfraz de otros problemas más ocultos. Creo que lo que realmente necesito es una visión más amplia y certera de que mi hijo tiene con seguridad este trastorno y, si es así, si existen alternativas fiables y efectivas a la medicación.

Tiene usted razón al pensar que es necesario un diagnóstico a fondo, que considere no sólo los síntomas, lo visible, del niño, sino también lo que hay detrás, lo que el niño está viviendo y le está inquietando. Debemos recordar, además, que la medicación puede tener efectos secundarios y esto hace aún más necesario un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado.
Lo aconsejable es llevarlo a un Centro de Salud Mental donde estudien bien el problema y les propongan una pauta de tratamiento amplia, que tenga en cuenta los distintos aspectos.
Si usted lo desea, puede acudir al Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) que le corresponde por distrito. Su pediatra o la escuela del niño sabrán darle la dirección y el teléfono correspondientes. También puede, por supuesto, consultar a un centro privado. Si decide venir al nuestro, encontrará el teléfono para pedir hora en nuestra WEB.

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